LÁGRIMAS NEGRAS EN LAS COSTAS GALLEGAS

El viaje que voy a compartir con vosotros esta noche corresponde a una historia bastante más cruda y mucho menos alegre que las que os he contado hasta el momento.

Hoy os voy a hablar de mi experiencia como voluntaria en Galicia durante una semana a raíz de la catástrofe ambiental que supuso el hundimiento del Prestige.

Han pasado once años y debo confesaros que aún hoy las lágrimas asoman a mis ojos cuando recuerdo algunos de los momentos que viví en A Coruña en marzo de 2003, cuatro meses después del desastre.

Estuve en Galicia tan sólo siete días, siete días que marcaron un antes y después en mi modo de entender el mundo, de interpretar algunos medios de comunicación y en mi forma de compartir todo. Siete días que nunca podré borrar de mi memoria, mucho menos de mi corazón.

El 19 de noviembre de 2002 todo un país sufrimos al conocer una triste noticia, el hundimiento de un barco con nombre glamuroso, con un nombre que difícilmente podremos olvidar mientras perduren nuestras vidas.

El desplome del Prestige conmovió a toda una ciudadanía y es la causa por la que todavía se recuerdan la inmensidad de movimientos solidarios que provocó nacional e internacionalmente.

Hundimiento del Prestige (19.11.2002) (www.andaluciainformacion.es)
Hundimiento del Prestige (19.11.2002)                       (Fuente: http://www.andaluciainformacion.es)

Por aquel entonces era estudiante de la Universitat Autònoma de Barcelona y no fue hasta pasado más de un mes después del desastre cuando supe que la organización Amics de la UAB había empezado a organizar los traslados de todo el movimiento estudiantil que estuviera interesado en ayudar a la comunidad de gallega en la recuperación de sus playas.

La universidad en la que estudiaba había pactado un acuerdo con la de Santiago de Compostela y asumía los gastos de nuestro desplazamiento, mientras que en Galicia nos garantizaban alojamiento y comida. Más adelante os daré más información sobre esto.

Una vez informada, no lo pensé dos veces en dirigirme al organismo correspondiente y apuntarme a la larga lista de personas que también estaban dispuestas a ayudar al pueblo gallego a superar la grave situación ambiental que estaba afrontando.

Pasaron cuatro largos meses hasta que por fin me llamaron para notificarme que, si aún me interesaba, me iría a Santiago del 9 al 15 de marzo de 2003 en calidad de voluntaria.

Al aceptar de inmediato, me pidieron que me acerca a la entidad para asistir a un curso de sensibilización obligatorio previo a la salida y para firmar una serie de documentación. La semana antes de mi salida fue cuando tuve la oportunidad de conocer a las catorce personas con las que compartiría esta experiencia de forma más directa, también estudiantes de la misma universidad.

En aquella formación nos explicaron los riesgos que asumíamos al hacer el voluntariado (posibles enfermedades cardiorespiratorias crónicas en un futuro, entre ellos) y nos hicieron firmar un documento conforme los asumíamos bajo nuestra responsabilidad.

También nos hablaron de la situación que nos íbamos a encontrar en Galicia tan sólo unos días después, pero creedme, todo lo que nos contaron quedaba muy lejos de lo que realmente vivimos y sentimos durante las horas que pasamos allí.

Recuerdo que aquella noche me fui a dormir contenta por ver más cerca el momento de marchar y ser útil.

Como originaria de un pueblo costero me sentía feliz de poder echar una mano, de vivir algo que no te enseñan los libros y de hacer realidad mi necesidad de vivir en primera persona lo que estaba ocurriendo en una tierra que ya tenía un valor sentimental enorme para mí.

Después de varios días sintiendo mucha impaciencia y nervios, por fin llegó el momento de partir en dirección a Santiago para comenzar a cumplir nuestro objetivo.

En nuestro caso, la universidad de la ciudad nos ofreció alojamiento en el Colegio Mayor Fonseca, situado en el mismo campus.

Al llegar a la residencia, fue realmente emotivo el recibimiento que nos otorgaron los y las estudiantes de la ciudad, quienes no dejaron de agradecernos el apoyo y nuestra voluntad de colaborar en un momento tan difícil. En nuestras habitaciones nos esperaba encima de nuestras camas una carta del director de la residencia a modo de agradecimiento por nuestra iniciativa.

El 10 de marzo de 2003 fue el primer día que ya nos trasladábamos a la costa para cumplir con nuestro trabajo. Cada jornada debíamos levantarnos sobre las seis y media de la mañana, ya que entre las 07:30 y las 8 hrs un autocar nos venía a recoger el campus para desplazarnos hasta el pabellón deportivo de Carnota.

Una vez en él, era impresionante ver las cientos de personas que nos encontrábamos allí con un mismo fin y con un mismo pensamiento en la mente. Personas de todas las edades y lugares estábamos allí en cuerpo y alma para unir esfuerzos y ayudar a una comunidad que nos necesitaba más que nunca, que pedía a gritos auxilio y el oxígeno que necesitaba para seguir respirando y luchando.

Sería en Carnota donde comenzaría nuestra jornada de trabajo cada mañana. En este pueblo era donde cada día nos facilitaban los equipos necesarios para protegernos del fuel en las costas y donde, además, nos daban a diario una bolsa con agua, fruta y un bocadillo para coger fuerzas antes de desplazarnos a las playas. Y esto tenía mucho sentido, ya que una vez en ellas ya nos podíamos olvidar de comer nada durante a veces largas horas (en ocasiones hasta seis o siete).

Para poder acceder a alguno de los lugares afectados era imprescindible llevar el mono de trabajo, la mascarilla (casi siempre de protección insuficiente a los riesgos a los estábamos expuestos) y unas botas de agua. Por supuesto, las botas más que usadas, por lo que no quedaba lugar para las manías.

Los recursos económicos con los que contaba la comunidad gallega eran insuficientes para las necesidades reales que existían en el momento, por lo que tocaba apañarse con lo que había, ni más ni menos.

Lo importante en realidad era mejorar sus circunstancias, sanear todo lo posible sus costas e ir acortando poco a poco el camino para regresar cuanto antes a la normalidad. Una normalidad teñida de negro con la esperanza de devolverle su color.

Ya a punto, nos distribuían en grupos de unos cuarenta voluntarios y asignaban a una persona del cuerpo policial o del cuerpo de bomberos para asumir el liderazgo y responsabilidad de todo el equipo. A esta figura le comunicaban el nombre de la playa a la que nos debíamos dirigir cada día en concreto y, hecho esto, partíamos de inmediato.

Entre las playas a las que me destinaron se encuentran Lira, Muros y Muxía, todas ellas en la provincia coruñesa.

Por más que lo intente, es muy difícil explicaros la escena tan estremecedora que presenciamos al llegar.

Partiendo de la base de que los medios de comunicación ya estaban difundiendo que las costas gallegas estaban muy recuperadas, os diré que tan sólo en un día recogimos más de dos toneladas de “galletitas” de arena y fuel. Simplemente horrible, indignante y triste. Muy triste.

Ver cómo aves y aves aterrizaban en las playas envenenadas e impregnadas de petróleo, como cetáceos (incluidos delfines) yacían en la arena con la mirada perdida hacia ninguna parte, ya sin aliento y con muy pocas posibilidades de sobrevivir es algo que por más que quieras no puedes borrar de tus retinas.

Estos eran momentos en los que reinaba el silencio, en los que un grito ahogado se contenía en nuestras gargantas dejando que las lágrimas que rodaban por nuestras mejillas lo dijeran todo. Todo lo políticamente correcto y lo que ya no lo era tanto.

Esta impotencia compartida era la que nos daba fuerzas cuando asomaba el cansancio, cuando el agotamiento físico y mental nos animaba a abandonar sin éxito porque nuestra razón de ser allí era más fuerte que todo ello.

Me gustaría hablaros también de una figura clave en cada equipo de trabajo, la del “mas limpas” (manos limpias).

En cada grupo siempre asignábamos a dos personas, quienes no podían tener de ninguna manera contacto con el chapapote, ya que eran las figuras “comodín” que debían estar siempre a disposición de las demás personas para atender posibles necesidades que éstas tuvieran (retirar el cabello, sonar la mucosidad, rascar alguna parte del cuerpo, etc.).

Yo misma ejercí esta función el cuarto día de nuestra permanencia allí y os puedo garantizar la importancia de la existencia de este rol dentro del grupo. Sin lugar a dudas, el o la “mas limpias” no podía tener escrúpulos ni ser maniática, ya que debía prestarse a atender cualquier requerimiento del resto de personas sin entrar en debate, para evitar que cualquiera de ellas entrara en contacto directo con el petróleo y evitar males mayores.

Voluntari@s en las costas de Galicia (Fuente: www.lavanguardia.com)
Voluntari@s en las costas de Galicia                           (Fuente: http://www.lavanguardia.com)

Al finalizar nuestra jornada de trabajo y una vez despojados de la ropa ennegrecida por el fuel, acudíamos a alguno de los comedores habilitados para el voluntariado para recuperar fuerzas y alimentar el estómago que podían encontrarse en diferentes municipios de A Coruña.

Estos comedores se alzaban en carpas montadas por los habitantes de los distintos municipios (también voluntarios en la causa) y representaban el lugar de reencuentro de muchas de las caras presentes horas antes en Carnota.

Recuerdo especialmente a las mujeres de Lira, señoras de mediana edad que nos hacían sentir como en casa y saludándonos siempre con una amplia sonrisa, agradeciéndonos constantemente las horas de trabajo con palabras sinceras y emotivas. Me llegaron al corazón con su cercanía y su humildad. GRANDES.

Dentro de las circunstancias, nos adaptamos con relativa facilidad al tremendo ritmo de trabajo que mantuvimos la semana que estuvimos allí, pero una noticia hizo que nuestras ganas de luchar se vieran retadas por un acontecimiento imprevisible: el anuncio del envío de tropas españolas a Irak.

De vuelta a la residencia y al finalizar nuestra jornada, escuchamos la noticia en la radio del autocar que nos llevaba de regreso a Santiago.

Un enorme silencio se apoderó del bus para dar cauce a la rabia compartida, a la impotencia teñida de negro, a ilusiones rotas en pedazos… Para dar cauce al desengaño generalizado, que horas después se traducirían en múltiples manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades españolas.

A pesar del cansancio, aún nos quedaron fuerzas para pasar la tarde del 11 de marzo de 2003 en la Plaza del Obradoiro, sumándonos a la multitud desencantada, a esa multitud que decía “BASTA” y que desafiaba las malas decisiones del gobierno mostrando su oposición y su indignación.

Vivir ese momento en las condiciones en que se encontraba la población gallega me animaba aún más a alzar la voz, a unir mis fuerzas por una buena causa y una lucha justa. Una lucha común por lo que merecía la pena todo lo que estuviera en nuestras manos.

Al día siguiente nuestras miradas eran diferentes. Bueno, en realidad lo eran las nuestras y las de todos.

La situación era aún peor que la que nos habíamos encontrado al llegar y parecía que nada era suficiente para que el partido político al mando en aquel momento aprendiera de sus errores. Unos errores que le costaron la pérdida del poder al año siguiente, una semana después del trágico 11-M.

En definitiva, no querría terminar este post sin hacer referencia al inmejorable trato que recibimos por parte de los estudiantes de Santiago, quienes nos ayudaron en todo lo que necesitamos y nos mostraron su apoyo incondicional desde un principio.

Recuerdo con gran cariño a Santi, quien en nuestra segunda noche en la ciudad compostelana nos guiaba por sus calles bajo las notas melancólicas de su gaita. Uno de los momentos más especiales de toda la semana, sin duda…

Ya para despedirme, deciros que espero que esta publicación os haya parecido interesante y que, al menos, ahora podáis decir que conocéis la otra parte de la historia, la parte menos políticamente correcta, la parte dolorosa. Porque duele, y mucho.

Y sigue escociendo a pesar de los años, es como una herida que nunca acaba de curar, pero que me hizo aprender una lección vital importante: la unión siempre hace la fuerza y que con nuestras manos unidas siempre se llega más lejos. SIEMPRE.

Muxía (foto de Tania Carrerta Rial)
Muxía (foto de Tania Carrerta Rial)

NOTA: Lamento no poder ofreceros fotos de este viaje de mi propia galería, se me estropeó la cámara el segundo día del voluntariado y me quedé sin fotos propias 😦 .

Anuncios

11 comentarios en “LÁGRIMAS NEGRAS EN LAS COSTAS GALLEGAS

  1. Una gran historia Alí, contada en primera persona es mas intensa que cualquier noticia que escucharas en la época. Creo que la marea blanca sera uno de los hitos históricos de España por la respuestas de voluntarios@s como tu, demostrando la calidad de los españoles estando a la altura de la circunstancias, cosa que por desgracia creo que el entonces ministro de medio ambiente, hoy presidente de este país no estuvo a la altura de las circunstancias. gracias por compartir esta historia. un abrazo

    • Muchas gracias Paco. Realmente esta es una historia que siempre me gusta explicar para invitar a la reflexión y hacer entender que lo que nos cuentan no siempre es lo real. Lamentablemente, en ocasiones hay mucha manipulación detrás de muchas noticias. Un abrazo.

  2. Yo estuve en Carnota,fuí desde Barakaldo ( centro galego de barakaldo )…me he emocionado con tu relato… ” yo he visto cosas que vosotros no creeríais…….”

    • Muchas gracias por tus palabras, Xose. Hay historias que debemos contar porque, si no lo hacemos quienes las vivimos, difícilmente se sabrá la verdad. La emoción es compartida… Un fuerte abrazo.

  3. Desde lo mas profundo de mi corazon como gallego e como voluntario que conparti sufrimientos y trabajos GRACIAS. vosotros que vinisteis de todas partes si que sois GRANDES.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s