VEINTE RECUERDOS DE AMOR Y UN POST DESESPERADO*

Tu mirada. Aquella mirada transparente y absolutamente deliciosa con la que me pediste que no me marchase. Aunque sabías que regresaría, sabes que te quiero. Sabes que eso nunca podría cambiar y sabes que, por más tiempo que pase, lo que siento por ti es capaz de parar el viento y elevar montañas.

Tu silencio. Aquel mismo silencio a través del que no me decías nada, pero me lo decías todo. A veces no son necesarias las palabras, pero sí lo es tu silencio. Ese instante cómplice en que no hace falta emitir un sonido porque las emociones que viajan por el aire ya hablan por sí solas.

Tu abrazo. Aquel mismo abrazo con el que demostraste lo que sentías, sin necesitar nada más. Ese gesto lleno de amor, de magia y de un sentimiento tan fuerte que casi asfixia. Pero no lo hace. Porque en realidad es como el oxígeno, necesario para vivir.

Tu carta. Aquella carta tan repleta, tan desbordada de ti, de tu esencia. De quién eres. De qué sientes. Aquella carta en la que me regalaste el mundo para creer y crear algo nuevo, algo único.

Tu canción. Aquella dulce melodía que emerge de cada poro de tu piel y nace de tus labios. Porque todo tú eres música. Todos lo somos. Pero tu canción acaricia mi alma.

Tu parte de la almohada. Aquella parte que me falta cuando tú no estás. Aquella parte que no necesito cuando tú no estás.

Tu sonrisa. Aquella misma sonrisa con la que paraste las agujas del reloj que colgaba en mi salón. Aquel gesto con el que todo cobró sentido y que, a pesar de haber ido cambiando con el tiempo, sigue paralizando todo mi mundo.

Tu aroma. Aquel aroma que impregna cada rincón de mi cuerpo, que deseo imborrable. Aquel olor que me recuerda que estoy en casa cuando estoy contigo.

Tus caricias. Aquellas primeras caricias que me enseñaron a temblar por dentro. Las mismas que aún me alegran cada amanecer cuando estás conmigo.

Tu película favorita. Aquella película que deseabas ver y que querías que compartiésemos a pesar de que no llamaba mi atención. Y que, a pesar de eso, se convirtió en una de las mejores tardes de nuestra vida.

Tu manera de besar. Aquellos besos con los que parecía acabarse el mundo, pero realmente representaban su comienzo.

Tu primera espera en la estación. Aquella espera que se resistía, pero que al fin llegó para iluminar nuestros breves aunque intensos momentos juntos. Esa misma espera que consiguió que las interminables horas de viaje parecieran más cortas.

Tu forma de enlazar nuestras manos. Aquel gesto que consiguió que me derritiera en el asiento de aquella cafetería en el centro de la ciudad y que me olvidara de que no estábamos solos.

Tu primera respuesta. Aquella respuesta inesperada que aceleró mi corazón hasta límites que creía inexistentes. Aquella respuesta que me trajo de vuelta a la realidad para enseñarme un camino por el que no había viajado antes, que al final (aunque aún no ha llegado) resultó ser el correcto.

Tu complicidad. Aquella complicidad que creaste en un segundo para que dejara de ser tan tuya para transformarla en “nuestra”.

Tu primer “te quiero”. Aquellas dos palabras que lograron abrazar mi corazón y no soltarlo jamás para perderme entre la belleza de ese momento.

Tu persona. Esa misma persona que da sentido a la ruleta que hace girar al mundo. Ese ser al que quise, quiero y querré siempre con todas mis fuerzas tan sólo por ser tú, tal cómo eres.

Tu suspiro al abrazarme cada noche. Ese suspiro que me recuerda día tras día que hay momentos mágicos en la vida y que tú has sido y eres la mejor elección de toda mi vida.

Tu decisión de quedarte. Esa decisión que esperaba con todas mis fuerzas para convencerte de que darme la oportunidad de hacerte feliz era tu mejor oportunidad de serlo. Tú, yo, contigo, conmigo. Juntos.

TODO TÚ. Con tu perfección y tus imperfecciones, por dar sentido a lo que parece que no lo tiene. Por estar, aunque parezcas no estarlo. Por todo lo que das y llenar con tu luz esto que llamamos vida.

(*) Título inspirado en la obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda.

A veces no hacen falta palabras

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4 comentarios en “VEINTE RECUERDOS DE AMOR Y UN POST DESESPERADO*

  1. Qué bonito, Ali.

    Cuánto amor transmiten los poros de tus letras, cuánta ternura en cada abrazo de su trazo. Simple, directa al corazón, dejando con tus fechas a éste desnudo corazón sangrando amor.

    Jeje, no quedaba más remedio que un comentario a la altura, a pesar de estar recién despierto de una siesta que se me fue de las manos. ¡Un abrazo!

    • Hola Diego!

      Muchas gracias por reaparecer por aquí! Se te echaba de menos!! 🙂

      Me alegro de que te haya gustado este artículo porque era arriesgado escribir sobre esto, pero me apetecía hacerlo (cómo no hablar del sentimiento más universal que existe??). Y me alegro de haberlo hecho y de haberte animado a escribirme, es un placer tenerte por estos lares…

      Un fuerte abrazo para ti también!

      Ali

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