NO TODO LO QUE VES ES TODO LO QUE ES

¿Una simple botella?
¿Una simple botella?

A raíz del encuentro del pasado sábado con algunas personas muy especiales de la comunidad de Vivir al Máximo, hoy siento la inmensa necesidad de compartir con vosotr@s unas reflexiones que han calado bien hondo en mi interior, principalmente después de ser testigo de cómo mi amigo Javier compartía con nosotr@s todo lo que sentía en lo más profundo de su ser respecto a la botella de la imagen anterior.

TODO TIENE EL VALOR QUE TÚ QUIERAS DARLE

¿Qué me decís? ¿Qué veis en esta imagen? Parece una simple botella, ¿verdad? Pues en realidad este objeto significa mucho para un buen amigo mío. Para él, esta botella son recuerdos, sensaciones, experiencias, vida, amor, necesidad y un sinfín de connotaciones más que me sería imposible recoger en un único artículo.

Todo ello no es debido a lo que es apreciable a simple vista, sino a causa del intenso vínculo que se ha creado entre este objeto y la persona que decidió adquirirlo. Si os paráis a pensarlo, estoy convencida de que a vuestro alrededor encontráis infinidad de cosas (bueno, en lugar de infinidad dejémoslo en algunas) que han adquirido un valor especial, único e inigualable para vosotr@s. Un valor muy por encima del coste inicial que supuso su adquisición.

¿Por qué? Porque esos artículos son asociados con momentos irrepetibles, instantes mágicos, situaciones impactantes de algún modo que, al recordarlas, consiguen que no olvidemos a la persona que realmente somos.

Si ahora mismo alguien me invitase a pensar en el objeto más especial de mi vida, sin lugar a dudas vendría a mi mente el reloj de pared que permanece a lo largo del tiempo en casa de mi abuelo, en Badajoz. Quizá para cualquier persona que entrase a la casa de mi abuelo ese reloj sería tan sólo un elemento decorativo más, pero para mí es muchísimo más que eso porque, detrás de lo visible, se esconde una historia muy especial e irrepetible de mi familia, de imposible reproducción en un futuro bajo ninguna circunstancia.

EL PAPEL DE LA EMOCIÓN

Los recuerdos. Todas esas instantáneas de nuestra vida que golpean fuertemente nuestro corazón para que no olvidemos nuestra propia historia, el camino recorrido o, incluso, nuestros orígenes. El reloj de mi abuelo ha sido testigo de todas mis visitas a Puebla de Sancho Pérez, testigo de mis primeras salidas en la adolescencia, de mis primeras lágrimas de dolor, de la emoción de mis reencuentros familiares.

Y todo ello forma parte de mi vida. Una vida repleta de emoción y sentimiento que veo reflejada en todos y cada uno de los objetos más significativos para mí. Porque… ¿Qué es la vida sin emoción? Absolutamente nada.

Ahora, cambiando de tercio, os invito a hacer una reflexión personal. Pensad en los objetos que habéis adquirido en un proceso de compra y que conserváis otorgándoles mayor valor. Ahora yo os pregunto: ¿los comprastéis por las características de los mismos o bien por lo que vuestra relación con ellos os podía aportar?

Una libreta de notas, una bicicleta, una mochila, un libro, una película, una chaqueta… Todo ello puede ser mucho más que eso cuando se tiene en cuenta la emoción que algunas personas son capaces de experimentar con su uso.

LAS EMOCIONES Y LA PUBLICIDAD: ¿LA EXTRAÑA PAREJA?

El pasado sábado alguien quiso recordar la gran influencia que la publicidad ejerce en nuestro poder de decisión y en nuestra percepción acerca de lo que necesitamos y lo que no. Personalmente, estoy absolutamente de acuerdo en que el ámbito publicitario ejerce un gran impacto en nuestra visión de lo que nos rodea e, incluso, en nuestro estilo de vida.

¿Esto es negativo? Pues si tuviera que responder a esa pregunta diría que no, siempre y cuando tomemos conciencia de la presencia y notoriedad que las campañas de marketing disfrutan en la sociedad occidental. Ser conscientes de los mensajes que éstas nos transmiten nos puede ayudar a incrementar nuestro poder de decisión y a percibir las diferencias que pueden existir entre lo que adquirimos, necesitamos y valoramos.

Negar que la publicidad desarrolla un papel crucial en nuestra percepción de lo que hay a nuestro alrededor me parece del todo absurdo y, como ejemplo, un botón. Imaginaos cualquier tipo de celebración: una boda, un cumpleaños, una reunión familiar, una macrofiesta… ¿Qué tienen en común todos estos momentos? A parte de muchos factores que no voy a analizar hoy, la respuesta es que en todos hay una Cocacola encima de la mesa. ¿Casualidad? Ahí lo dejo… 🙂

NO TODO LO QUE TENEMOS ES LO QUE NECESITAMOS

En uno de los libros que leí durante mi último viaje me encontré con la siguiente frase:

“Todo lo que tenemos es lo que no podemos perder en un naufragio” (Proverbio sufí)

Si pensáis en el significado de estas palabras, lo que este proverbio nos intenta hacer ver es que, en realidad, las posesiones materiales no forman parte de nuestra esencia, no son imprescindibles para nuestra supervivencia ni son fundamentales para ser quienes realmente somos.

Si has conseguido sobrevivir a un naufragio, ¿qué es lo que te queda? TÚ. Sin más. Tú tienes las capacidades suficientes y lo realmente necesario para continuar tu camino en la vida: no tu casa, no tu coche, no tu cuenta de ahorros, no tu sofá de piel… Está bien, aceptemos que estas comodidades facilitan la vida, pero… ¿Realmente son las que le dan sentido?

Cuando recuerdo algunas conversaciones que he mantenido con mis abuelos en referencia a su juventud o a lo que ha sido su vida, no me hablan de cuánta ilusión les hizo tener un coche, unos muebles de primera calidad ni la compra de aquel reloj que vieron en el escaparate de una tienda una tarde de invierno.

Me hablan del momento en que conocieron a mis abuelas, sus mejores tardes juntos, sus viajes… Este tipo de cosas son las que atrajeron la emoción y todo el sentido a sus vidas, y son las que recuerdan aún cuando el avance de los años hacen mella en su memoria.

Pero… A veces, la memoria se rinde ante el lugar al que el corazón llega.

———

Dedico este post a mi amigo Javier Zamora, a su magia y a su visión del mundo. Y por todas esas otras cosas que él ya sabe.

Y para ti, ¿qué es lo que tiene valor? ¿Cuáles son esos objetos que conservas con inmenso cariño y que llevarías al fin del mundo? ¿Me lo cuentas en un comentario?

Pdta.- Si te ha gustado este artículo, te animo a leer este post, también publicado recientemente, y que escribí con todo el cariño de este mundo.

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4 comentarios en “NO TODO LO QUE VES ES TODO LO QUE ES

  1. Bufff, me has hecho pensar muchísimo. Yo en estos meses, con el tema del blog, me he ido deshaciendo de todo lo que guardaba. Ahora, que ya poco me queda por tirar/vender/regalar/ceder, miro en la caja de reloj donde guardo aquellas cosas que no quiero tirar, y me doy cuenta de que sólo guardo con cariño aquel reloj que me regaló mi abuela por mi Comunión. Y aquella medalla que también me regaló, de la que me acuerdo del día en que me la dió. Estabamos en la cocina de la casa de mis abuelos, en Bailén, ella sacó un cajón y puso todo lo que había en el cajón en la mesa de la cocina. Lo recuerdo como si fuera ayer, cuando ya pueden haber pasado, no sé, más de 20 años. Son las dos únicas posesiones que nunca me voy a deshacer. Los guardo porque son el único recuerdo que tengo de ella, más allá de las fotos. Gracias Alicia por este post.

    • Hola Diego!

      Muchísimas gracias por un comentario tan especial como el tuyo y por compartir recuerdos tan personales y, a la vez, tan bellos.

      El valor que esos dos objetos que mencionas aún será mucho mayor (de hecho, será aún más incalculable) dentro de diez o veinte años, pero lo más hermoso de que los conserves será el recuerdo de tu abuela sin lugar a dudas.

      Gracias a ti por leerme! Un fortísimo abrazo!

      Ali

  2. Qué bueno saber la historia de la botella… 🙂
    Me moría de curiosidad.
    Un post precioso, Alicia. La combinación del proverbio sufí con la historia de Javier ha quedado preciosa. Y sí, si sobrevives a un naufragio, solo quedas tú. Y tu blog, claro está, porque está en la nube 😉 jejeje
    Un abrazo!

    • Jajaja, me alegra muchísimo que te haya gustado Núria!!!

      No sé si he conseguido captar y transmitir la esencia de la reflexión del sábado, pero he puesto todo mi empeño. Al menos, ahora conoces un poquito mejor la famosa historia de la botella…

      Un abrazo enorme!!

      Ali

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