SONRISAS VIAJERAS Y AVENTURAS QUIJOTESCAS

Como últimamente os estaba ofreciendo demasiados pensamientos filosóficos (que un terrón de azúcar está bien, pero dos tazas son demasiadas), hoy me he propuesto haceros reír. ¿Y cómo pienso conseguirlo? Compartiendo por aquí algunas de las anécdotas más divertidas que he vivido viajando.

Porque sí, muy bien, salir a descubrir el mundo con el corazón y el alma es estupendo, pero a veces también agotador y, de vez en cuando, un poquito de risas salerosas y algo de mayonesa en la vida no viene nada mal. Y esas (me refiero a las risas contagiosas bien capaces de enmudecer a todo un estadio y a esos momentos surrealistas que parecen sacados de una peli de Eddie Murphy…) llegan en los instantes más inesperados.

Si no me crees, sigue leyendo… 🙂

CHORIZO Y ASIENTOS DE PIEL NO SON UNA BUENA COMBINACIÓN (NO SEÑÓ!!)

Como ya os conté en este post, el primer destino viajero de este año fue Zaragoza. La decisión de hacer este viaje fue bastante impulsiva y no tenía grandes expectativas en cuanto a este viaje ya que mi objetivo primordial era el de visitar a la familia que tengo allí.

Pues bien, dicho esto, dio la casualidad (o no, quién sabe) de que el autobús que más me convenía por su horario de llegada a la ciudad de la Pilarica era de categoría Supra y, además, había encontrado una oferta increíble que me iba a permitir disfrutar de un viaje mucho más cómodo a un precio no demasiado superior al convencional.

Asientos de la categoría Supra (línea Barcelona-Zaragoza de Alsa)
Asientos de la categoría Supra (línea Barcelona-Zaragoza de Alsa)

Bien, hasta aquí todo estupendo, ¿no? Ese día dejé mi escaso equipaje en el maletero del autocar, subí en él y comencé a relajarme maravillosamente, dejándome embriagar por el genuino olor a piel que emergía de los asientos del vehículo. Vamos, una gozada.

Era cerca de las nueve de la noche y había conseguido dejarme llevar hasta tal punto que sospechaba que en cuestión de minutos me iba a quedar dormida como un tronco cuando, de repente, un sospechoso olor al más puro estilo del mejor chorizo de León empezó a impregnar todo el autobús. El responsable (era un chico) no había podido escoger mejor momento pá comerse el bocata, vamos…

Al principio pensé “pues qué le vamos a hacer, si el muchacho tiene hambre, pos que se coma el bocadillo a gustito, que derecho tiene”… Y yo, pues como si nada, seguí con mi música y a lo mío… Minutos escasos después, comencé a ver cómo las caras de todos mis compis de viaje (pasajeros y pasajeras del bus) iban pareciéndose más a la de un gato olfateando en busca de comida rica… Porque claro, el chorizo “españó” es el chorizo “españó”… Y a ver quién es el santo o la santa capaz de resistirse a semejante tentación cuando es la hora de cenar o el estómago pide sustento…

Lo más parecido que he encontrado al conductor de aquel bus...
Lo más parecido que he encontrado al conductor de aquel bus…

Hasta que llegó el momento en que el olor era tan fuerte y tan extremadamente notable que hasta nuestro simpático conductor (un señor de mediana edad con acento mañico la mar de amoroso), micrófono en mano (sí, parecía que iba a entonar la Macarena o el Tractor amarillo…) hizo acto de presencia con la siguiente sentencia: “señores y señoras, por favor, no hemos subido a un autobús con asientos de piel a comernos un bocadillo de chorizo. Sí, ya sabemos que está muy rico, pero si quiere comerse uno de verdad le llevo encantado al bar de mi amigo Manolo en cualquier otro momento para que usted pueda disfrutarlo relajadamente”. Y olé.

Creo que pocas veces en mi vida he reído más que en ese instanteo… Con qué arte y con qué estilazo nuestro amable conductor estaba dando el toque al chico del choricillo… Momentazo viajero sin lugar a dudas… Una de esas anécdotas que recordaré siempre y con las que podré reír igual o más cada vez que venga a mi mente por muchos años que pasen.

Y DE OLORES SEGUIMOS HABLANDO…

Varios meses antes de esta escapada a tierra aragonesa, me encontraba en otro autocar rumbo a Madrid con la idea de visitar a mi familia en Extremadura. Durante ese viaje, tuve la gran suerte de conocer a Lupe, una mujer estupenda con la que conecté en 0,2 segundos y con la que inicié una gran amistad.

Si el viaje de Barcelona a Madrid duró ocho horas, Lupe y yo pasamos siete horas y media conversando sin parar. Fue uno de esos encuentros increíbles con personas más increíbles aún que consiguen anidarse en el corazón para ser recordadas por siempre jamás.

Hablamos absolutamente de todo, creo que el tiempo no pudo cundirnos más, hasta incluso cuando, llegada la madrugada, un compañero de viaje tomó la maravillosa decisión de descalzarse y obsequiarnos a todos con un aroma muy similiar al que desprenden las pizzas cuatro quesos cuando, ya horneadas, han llegado a su máximo esplendor.

En un primer momento fue Lupe quien se dio cuenta del “ambientador especial” que estaba desfilando por los pasillos del autocar (y era lógico, ya que ella estaba más cerca del susodicho)…

Lupe: “Oye, Ali, ¿a ti no te llega un olor un tanto extraño?”.

Yo: “Pues la verdad es que por el momento no, Lupe… Te está cambiando hasta la cara, ¿te encuentras bien?”.

Lupe: “Ay chiquilla, creo que voy a coger el abanico”.

Segundos después, ya habíamos encontrado el origen del peculiar aroma… En la banda derecha del bus se encontraba él, un jovencito un poquitín incívico que dormía plácidamente con sus “piesesillos” al aire mientras entufaba a todo el autocar con su fragancia.

Minutos más tarde, el olor era tan fuerte que había absorbido el poco oxígeno que podía quedar en el autobús. Y de pronto, una de esas oportunas ideas reveladoras me hizo una visita… Recordé que llevaba en mi bolso un frasco en spray tamaño mini de una de las colonias que uso, así que, sin cortarme ni un pelo, se lo di a Lupe para que se pusiera en plan “cazafantasmas” para intentar evadir el más que desagradable olorcico que pretendía acompañarnos durante el trayecto.

¿Olores mofetarios? No, gracias.
¿Olores mofetarios? No, gracias.

Ver a Lupe haciendo “flis flis” por todo el pasillo fue uno de los mayores espectáculos que he visto en mi vida, vamos. Sin precedentes. Yo no podía reír más. Lupe no hacía más que mirarme en plan “ojú lo que hay que hacer”, pero al menos la escenita mereció la pena. Ahora que lo pienso, si dejamos a un lado el particular ambientador de nuestro medio de transporte, podría decir que este fue y es otro de los mejores momentazos viajeros de toda mi vida.

CON EL CAMPO HEMOS TOPADO: COCHES QUE SE PARAN EN LOS LUGARES MÁS INOPORTUNOS

Y lo que os voy a contar a continuación, no tiene menos guasa que lo anterior… Hace un poquito más de un año, recién estrenado este blog, me propuse escribir un artículo sobre Puebla de Sancho Pérez, que, para quienes habéis llegado hace poco y aún no lo sepáis, es el pueblo natal de mis abuelos paternos y uno de mis lugares preferidos de todo el mundo mundial.

La cuestión es que mi amigo Paco, a quien desde aquí quiero agradecer todo lo que ha hecho y hace por mí, quiso llevarme de ruta y mostrarme el lado más desconocido del pueblo de nuestros orígenes, así que íbamos a compartir una mini aventura viajera. La verdad es que la tarde que nos fuimos de excursión no pudo ir mejor, cuyo momento culminante fue el paseo que nos dimos por los campos que hay entre nuestro pueblo, Medina de las Torres y Valencia del Ventoso, todos ellos situados en Badajoz.

Reinaba el silencio, el paisaje era magnífico y muy relajante, y nos acompañaban la complicidad y alegría del reencuentro de dos amigos que llevan a sus espaldas más de quince años de amistad. Para que os hagáis una idea del lugar, aquí tenéis algunas fotos:

Uno de los pueblos de mi vida...
Uno de los pueblos de mi vida…
¿Es para estar o no enamorada?
¿Es para estar o no enamorada?
Lugares que se llevan en el corazón...
Lugares que se llevan en el corazón…

Por semejante paraíso campestre nos perdimos durante un buen rato mientras nos poníamos al día, hacíamos fotos, cantábamos o simplemente disfrutábamos del silencio. Fue una tarde de diez (o de once…).

Pero… Como todo, aquella tarde también estaba llegando a su fin, así que, llegada la hora, nos dirigimos de vuelta al coche. Y… ¡Sorpresa! El motor nos puso a prueba y el cochecito blanco que más adoro de todo el universo decidió cachondearse un rato de nosotros…

Iros vosotros, que yo de aquí no me muevo...
Iros vosotros, que yo de aquí no me muevo…

Después de varios intentos fallidos, la cara de mi amigo se estaba tornando de un color púrpura oscuro… Teníamos que regresar, estábamos a varios kilómetros del pueblo y, como habéis podido ver en las fotos, era literalmente imposible que una grúa pudiera acceder a donde nos econtrábamos. Dadas las circunstancias, para mí ya era mucho más fácil pensar en utilizar un tractor para mover el coche (tengo un tractor amarillo… que es lo que se lleva ahora… Pues no, no se lleva, pero… Heeeeeelp).

Mi amigo Paco siguió jugando con el embrague al más puro estilo swing, y nada de nada. Ya superado por la preocupación, decidió bajarse del coche, tomar aire fresco y aclarar las ideas, mientras aquí una menda seguía sentada en el asiento del copiloto pensando qué hacer.

Y mientras mi amigo tomaba el aire, una servidora que no puede ser mejor ejemplo de la cabezonería, levanté el culo de mi asiento y me senté en el lugar del conductor. Y de ahí no pensaba levantarme hasta que consiguiera arrancar el coche. Porque yo lo valgo, vamos. Mientras, Paco me miraba en plan “Ali, estás como una verga (que es lo que solemos decir en el pueblo). No lo vas a conseguir”.

A la primera no funcionó.

Tampoco a la segunda.

Pero… sí a la tercera!!! (Yujuuuu…) El universo había decidido apiadarse de nosotros y dejar a mi amigo Paco con cara de boniato (y ya puestos, a mí también, jajaja). Así que, aprovechando la tregua que el cochecito nos estaba dando, me puse a conducir sin acordarme demasiado del freno, no fuera que nos quedásemos colgados otra vez.

Así que, coche en movimiento, grité a mi amigo Paco “venga, no te lo pienses, ¡sube al coche ya!”, cogimos carretera y manta por los senderos de nuestra querida Puebla mientras nos mirábamos incrédulos por lo que acababa de ocurrir. Aquí, la señorita Alicia, con el carnet en su cartera desde hacía tan sólo cinco meses, había conseguido mover a nuestro querido escarabajo blanco.

Nos pasamos los quince minutos que tardamos en llegar al centro del pueblo riendo a carcajada limpia como posesos. Podría decir que media hora antes nos estábamos imaginando durmiendo a la intemperie (que tampoco hubiera pasado nada) entre los maravillosos campos extremeños mientras recordábamos momentos de nuestra infancia.

Así que… Creed en el universo y él creerá en vosotros… 🙂

Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado, aunque de cuento este post no tiene ni una palabra… 🙂

—–

Espero que os hayáis reído, que haya animado un poquito más vuestra tarde (mañana o noche, según el lugar en el que os encontréis) y que, si os apetece, compartáis en un comentario las situaciones más divertidas con las que os habéis topado viajando.

¡¡Un fuerte abrazo!!

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8 comentarios en “SONRISAS VIAJERAS Y AVENTURAS QUIJOTESCAS

  1. Pues Ali, yo lo voy a compartir una que me pasó hace pocas semanas en un lavadero de coches, y que publiqué la historia en Facebook. No os riáis mucho de mí, jajajajaja. Ahí va:

    El nota del lavadero de coches debe estar tronchado de la risa aún, a pesar de haber transcurrido más de una hora desde el desafortunado encuentro, o, quién sabe, quizá lamentándose de no haber tenido una cámara de vídeo a mano. Esta mañana he ido a lavar la furgoneta tras más de dos años sin hacerlo. Aunque no sea el día más propicio, por la lluvia, pero quiero llevarla decente a la ITV de mañana. El caso es que he tenido un encontronazo con la pistola o manguera de agua. Primero, me ha decepcionado tras echarle un eurillo. Sólo me daba un chorrico de agua. Digo, para mí, pues con esto tengo para aburrir a este ritmo. Hasta que ha venido el menda a decirme que pulsara el botón -de inicio, supongo-. Ahí ha sido el acabose. La cantidad ingente de presión que salía podía con mi cuerpo. Haciendo esfuerzos titánicos, sujetando la manguera con las dos manos, pies anclados al suelo, e intentando dirigir el susodicho hacia la furgoneta. Más de una, y de dos, y de tres, incluso, he salido retropropulsado cuando accionaba la pistola, apuntando hacia arriba, hasta que conseguía redirigirla. Qué sudores. Menos mal que a esa hora de la mañana nadie frecuentaba el lavadero. Menos mal que sólo mi furgoneta y yo nos hemos lavado. Primero, agua con jabón. Luego, agua mineralizada para aclarar. Hemos quedado más limpios que los chorros del oro. Aunque yo con las manos un poco doloridas del esfuerzo. No sé cuánto tiempo tardaré en volveré a usar esa máquina del infierno. No lo sé. La próxima vez llevaré, si no a alguien, lastres en los pies. Por si acaso.

    • Jajajaja, ay Diego… Lo que me has echo reír…

      La próxima vez te lo pensarás dos veces antes de ir a lavar la furgo… Jajajaja. Gracias por compartir la anécdota!!

      Un fuerte abrazo! Nos vemos pronto por Cáceres!

      Ali

  2. Muy gracioso ali jejejeje me ha encantado, cuando quieras hacemos una nueva excursión que el coche ya tiene la batería nueva jajajajaja un besazo

  3. Una anécdota con la que siempre nos reímos con mis amigos es aquella en que hicimos el ridículo más estrepitoso en los ferrocarriles belgas. Todo empezó con la novia de uno con los que viajaba, que antes del viaje nos explicó cómo funcionaba el asunto de los billetes de tren múltiples (mismo billete, 10 viajes; hay que rellenar los datos del destino a mano). Nos puso como ejemplo: -“Pues hay que rellenar las casillas con los datos, en plan… yo que sé, nombre, tren, etc.”
    ¡Y sí, sí! En el momento de la verdad, dos de nosotros se pusieron a rellenar los datos de forma literal: Nombre (de pila XD), estación de origen, de destino, etc.
    Al pasar la revisora, una chica joven, guapa, flamenca ella…. (de las de flandes, no de las de tocar palmas y el vestido a lunares), se nos queda mirando en plan, “¿de dónde habrán salido estos idiotas? Ah, españoles! Todo encaja”…. A contnuación nos explicó muy amablemente cómo había que rellenar el billete. Desde luego, no hacía falta poner el nombre de pila! XD
    Durante el resto del viaje (esto ocurrió recién llegados XD) no paramos de reírnos de nosotros mismos y haciendo bromas de lo burros que fuimos!

  4. Muy chévere las anécdotas, creo que en cada viaje algo diferente, gracioso y nuevo te pasa siempre y eso es de las cosas maravillosas para disfrutar luego.

    Yo te cuento que el año pasado, mientras viajaba por Asia, fueron muchas las anécdotas que me pasaron y la que más recuerdo es la que compartí en este post: http://bit.ly/DMGaebHK Debería retomar el tema de las anécdotas porque mientras recordaba una, me vinieron muchas a la cabeza jajaja

    Un abrazo guapa 🙂

    • Diana!!

      A ver si te animas a compartirlas que seguro que debes tener miles muy curiosas para contar!! Además, arrancan sonrisas, así que… ¿A qué esperas? 😉

      Otro abrazo enorme para ti!!

      Ali

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