DANDO LA ESPALDA A MIS PROPIAS SOMBRAS

Bipolarizando entre mis sombras

Después de varios días vividos entre más penas que glorias, hoy quería compartir contigo todo lo que ha pasado por mi mente y todo lo que he sentido en las últimas semanas. Y cuando digo todo, sí, me refiero a todo. No te quepa duda de que lo que estás a punto de leer, no sé si para bien o para mal, es uno de los artículos más personales que he publicado en mi blog. De nuevo, Ali desnuda y en estado puro. Sin más.

Hoy es San Valentín, una fecha más en el calendario que se ha convertido en una excusa perfecta para las marcas y los grandes almacenes, una jornada en la que el consumismo asoma de nuevo para intentar convencernos y hacernos olvidar lo que realmente importa, y no un catorce de febrero, sino hoy y siempre.

Si soy sincera (y pretendo serlo), mi experiencia en mis relaciones sentimentales no es que haya sido demasiado gratificante. Me he topado con algunos chicos por el camino con más sombras que el mismísimo Christian Grey y es que, a veces, la realidad supera la ficción.

Sin embargo, y porque no quiero ponerme melodramática, debo confesar que, de cada historia vivida, he aprendido como mínimo alguna lección positiva que me ha ayudado a pisar mejor y más fuerte el suelo por el que camino. Y es que para sombras, ya tengo suficientes con las mías.

Después de muchos años paseándome por el mundo a lo Julia Roberts en la película Nothing Hill, al fin he aprendido que no puedo ir por la vida exigiendo ni pidiendo a nadie que me quiera. Si no entiendes a qué me refiero, mira primero este vídeo y seguimos con el tema:

He vivido una situación parecida a la de esta escena tantas veces que ya no recuerdo cuántas han sido, salvo que, por descontado, en ellas no se hacía referencia a la fama y más de una vez acababa pareciéndome más a Hugh Grant que a la novia de América porque mi inocente corazón se quedaba tan o más hecho polvo que lo que él describe en esta escena.

De todos modos, y sin dar más rodeos, el amor no es algo que se vaya pidiendo por ahí, no es una limosna (con todos mis respetos) que puedas pedir en la puerta de cualquier iglesia o de cualquier supermercado. Es algo que se ofrece y se cuida voluntariamente, es algo inesperado que, como el otro día me decía mi amigo Pau, llega cuando menos te lo esperas.

Pero… ¿y cuándo llega cuando no te sientes preparada para ello? ¿Qué pasa cuando lo que sientes es tan absolutamente desconcertante e inesperado que ni tú misma estás preparada para tomarlo cómo viene y mucho menos para lidiar con ello? Entonces es cuando creo, y sólo creo, que es el momento de decidir si retirarse o quedarse en el terreno de juego, echarle narices al tema, jugar tus cartas y comprobar qué pasa. Sin embargo, debes saber, si no lo sabes ya, que no siempre tienes entre tus manos la carta ganadora.

Como dice Julia Roberts en la escena que te acabo de presentar, ciertamente, sólo soy una chica.

Pero para mí misma soy LA CHICA. Y lo digo en singular porque en realidad sólo me tengo a mí. En mí deben residir todas las fuerzas para volver a sonreír cuando verdaderamente no tengo ningunas ganas de hacerlo y es también en mí donde debo encontrar el modo de volver a sentirme bien cuando no lo estoy. Y, como seguramente habrás aprendido tú también, esto no es tarea fácil. ¡Qué va! No lo es en absoluto.

No es fácil cuando te levantas y te acuestas sola cada día, no es fácil cuando necesitas abrazar a alguien a quien quieres de verdad y compartir un abrazo sincero y no tienes a esa persona cerca. No es sencillo cuando lo ves todo de color negro, te sientes en un pozo y no ves la puñetera manera de salir. Lo mejor de todo es que, al final, consigues salir a flote y volver a ser tú.

Nadie dijo jamás que sería fácil, ¿verdad? Pero no por ello es imposible. No lo es. Y muy pronto compartiré contigo un artículo en el que te hablaré de todo esto con más detalle, y no lo haré sola.

¿QUÉ HA PASADO ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?

Como te comentaba al principio de este artículo, estos días pasados no han sido precisamente agua dulce.  Algunos fantasmas del pasado decidieron volver y visitarme por sorpresa, y esto me pilló totalmente desprevenida y fuera de la área de defensa.

He estado un tiempo muy muy muy baja de ánimo, pero ahora que parece que voy remontando, me he dado cuenta de que era necesario pasar por ese período porque sólo de esa forma me he visto obligada a cuestionarme algunas cosas y a reflexionar acerca de lo que quiero y de quién soy en realidad. ¿Quizá muy trascendental? Pues no lo sé, pero esta es la más pura y absoluta de mis verdades.

Sentirme así me ha obligado a buscar el origen de esa situación y de ese sentimiento para poder afrontar el factor desencadenante de ese estado de ánimo y tomar las decisiones necesarias para trabajar mis emociones y poder pasar página.

Después de horas y horas de reflexión (y más lágrimas de las que me gustaría), me vi capaz de tomar mis determinaciones (aunque algunas me dolieran en lo más hondo de mi ser) y seguir creciendo en lo que a mi propia gestión emocional se refiere. Lamentablemente, en algún momento todos nos vemos superados por determinados sentimientos y situaciones inesperadas que nos descolocan por completo.

La cuestión es que, ante esas circunstancias, no podemos creernos autosuficientes ni dudar en pedir ayuda cuando la necesitemos. Y eso es justo lo que hice. Me apoyé en algunas buenas amigas y en mi familia para poder enfrentarme a esa situación. Y gracias a esas personas hoy me siento muchísimo mejor.

Por ello, lo que me apetece decirte hoy es que nunca, nunca, nunca te rindas cuando ves todo de color gris. No te encierres ni te metas en la cama pensando “ya pasará” porque lo cierto es que, si tú no haces nada para remediar esa sensación, difícilmente se irá sola, difícilmente se resolverá y podrás seguir avanzando con más fuerza.

En este sentido, a mí me ayuda enormemente la música, que tiene el inexplicable don de sacudirme y darme infinitas fuerzas cuando más lo necesito. Y en estos momentos eso no ha sido para nada diferente. Esta canción de Ellie Goulding me ha ayudado de forma inexplicable y, cuando la escuché por primera vez, me dio las alas necesarias para salir a la calle con una determinación sin precedentes y regalar mi sonrisa al mundo, así que aquí te la dejo por si también puede ayudarte a ti:

Y es que, aunque a menudo no seamos demasiado conscientes de ello, todos tenemos más luces que sombras… Y es ahí donde debes concentrar todas tus fuerzas: en hacer que nada ni nadie eclipse toda esa luz que existe dentro de ti. Así que, como dice Ellie Goulding, gracias a todos mis amigos por “love me like you do” (quererme cómo lo hacéis), pero sobre todo…

Gracias por ayudarme a brillar a mi manera.

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4 comentarios en “DANDO LA ESPALDA A MIS PROPIAS SOMBRAS

  1. Preciosa reflexión y una gran verdad. Por muchas sombras que nos acechen, por muchos bajones que uno pase, hay que intentar esforzarse por mantenerse en la luz. Que la vida hay que intentar disfrutarla.
    Me alegro que hayas salido adelante, que hayas sabido apoyarte en otros para hacerte mas fácil el camino.
    Y en cuanto al tema del amor…como dice tu amigo, llega cuanto menos te lo esperas.
    Lo sé muy bien…
    Ánimo y un abrazo!

    • Buenos días, Verónica!

      Muchísimas gracias por tus palabras, de todo corazón!!

      Como bien dices, hay que intentar disfrutar de esta vida, aprender de todo lo que nos resulta agradable y de lo que no lo es tanto. En definitiva, absolutamente todo forma parte de esta interminable lección de aprendizaje.

      Un fuerte abrazo!

      Ali

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