MÁS QUE UNA LECCIÓN DE AMOR

Mis abuelos paternos el día de su boda
Mis abuelos paternos

Algunas de las historias con las que topas en tu vida consiguen sacudirte el alma y abrazarte el corazón. Si además los protagonistas de una de esas historias son tus propios abuelos, la sensación se torna absolutamente indescriptible.

Hoy he decidido dar un paso adelante más y compartir contigo una parte de su vida y, por descontado, también una parte de la mía. Una parte de la que me cuesta horrores hablar (más aún públicamente), pero que aún así voy a compartir contigo porque estoy convencida de que puede aportarte algo.

Creo que un buen comienzo sería situarte en los orígenes de mis abuelos. Ambos nacieron en Puebla de Sancho Pérez, un pueblo de la provincia de Badajoz,  y, como tantísimas otras parejas extremeñas y andaluzas,  se vieron obligados a emigrar a Cataluña a finales de los cincuenta en busca de una vida mejor.

Como era habitual en aquellos tiempos, el primero en aterrizar en Blanes, el pueblo catalán que vio nacer a sus cuatro hijos, fue mi abuelo. Los comienzos no fueron nada fáciles, ya que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano durante horas interminables los siete días de la semana para poder ganar un duro y poder mantenerse a flote. Un tiempo después y gracias a  un viaje que, según me ha contado mi abuelo, fue toda una odisea, al fin mi abuela Teresa pudo trasladarse a Blanes y reunirse con él.

Los inicios de la relación de mis abuelos no fueron demasiado favorables. Por aquellos tiempos (y más en Extremadura), las tradiciones se mantenían con una rigidez aplastante y mi abuelo, enamorado hasta las trancas, decidió tentar su suerte y plantar cara al que años más tarde se convertiría en su suegro (mi bisabuelo Rafael).

No es que la relación entre ellos fuera mala, no lo era en absoluto, tan sólo lo digo porque mi abuelo es terco como una mula y decidió ignorar las normas y prejuicios sociales de la época y plantarse en el que en ese momento era el hogar de mi abuela para dejar bien claro que sus intenciones eran serias y que quería a mi abuela por encima de todas las cosas.

Por entonces no se veía con buenos ojos que el novio entrase en casa sin una presentación formal previa, aspecto que, como acabas de ver, a mi abuelo le importó bien poco.

El caso es que años después ambos estaban en Cataluña, intentando sobrellevar lo mejor posible el dolor de alejarse de sus raíces y de una parte de su familia para intentar construir una vida mejor juntos. Lo cierto es que, a pesar de todo, no les fue nada mal. Tuvieron que trabajar mucho y muy duro para ello, pero consiguieron ganarse un techo, mantenerse ellos y a sus cuatro hijos y llevar una vida digna en la que predominaba la humildad.

Mis abuelos siempre han tenido don de gentes y no podría explicarte lo que siento cuando alguien me para en su pueblo natal o en el pueblo en el que pasaron la mayor parte de su vida y me dicen “¿así que tú eres nieta de Antonio y de Teresa? Madre mía, da muchos recuerdos a tu abuelo, que aquí les queríamos mucho”.

Y es que así era. Todas las personas que les han conocido les recuerdan con cariño y una sonrisa en los labios, y te puedo asegurar que no hay mayor orgullo para una nieta. Sentirte orgullosa de llevar su apellido y defender quién eres, explicar de quién desciendes y hacerlo con humildad, pero con una inmensa gratitud hacia la vida y todo lo que mis abuelos me han enseñado.

Es posible que no te haya pasado por alto que, cuando me paran por la calle, me envíen recuerdos tan sólo para mi abuelo. Ahora viene la parte que más me cuesta contarte de la historia de mi familia.

Durante toda su vida, el sueño de mis abuelos era regresar a Extremadura (como te he comentado antes, su comunidad natal) al llegar su jubilación y pasar allí el resto de sus días trabajando en el campo y disfrutando de la tranquilidad que presta un pueblo que en su momento tenía unos mil quinientos habitantes.

Por capricho del sino o por mala suerte, a mi abuela Teresa le diagnosticaron un cáncer de colón cuando sólo faltaban dos años para que se jubilara mi abuelo y poder volver a su tierra. Aunque los médicos hicieron todo lo posible para que mi abuela se recuperase, en el momento de la detección del tumor éste ya se encontraba en una fase muy avanzada y las posibilidades de salvar la vida de mi abuela eran muy limitadas. Tanto, que un año y medio después ella ya no estaba entre nosotros.

Recuerdo esta etapa de mi vida con mucho dolor y con el corazón absolutamente encogido, ya no por el vacío que tanto a mí como a toda mi familia nos dejó la despedida de mi abuela, sino por los sentimientos que yo podía percibir en la cara desencajada de mi abuelo. La recuerdo como si fuese ayer y ya han pasado casi 22 años desde ese instante.

Mi abuela se marchó, pero una promesa quedó pendiente: el regreso a Extremadura. ¿Qué crees que pasó? ¿Crees que mi abuelo se conformó con lo que la vida le había deparado?

En absoluto. Ya te he hablado antes de su terquedad. ¿Qué hizo? Pues esperó los años reglamentarios para poder trasladar la tumba de mi abuela y, cuando pasó ese período, vendió su casa y juntos convirtieron su sueño de volver en una realidad.

No era el regreso que deseaban, creo que eso queda más que claro, pero era el único posible. Y mi abuelo no hubiera parado hasta cumplir con su palabra. Cuando a veces hablamos de todo esto, él siempre me dice “no hubiera podido venir aquí sin ella”. Y la conversación acaba aquí.

A veces no es necesario hablar usando las palabras, en muchas ocasiones la mirada lo dice todo, o dice todo lo que una necesita saber.  Te garantizo que en los ojos de mi abuelo he visto más amor del que jamás hubiera podido imaginar. Un amor tan grande y tan inmenso que sería capaz de parar todo un mundo.

Aún siendo difícil, mis abuelos me han enseñado una lección aún mayor que todo ese amor. Gracias a ellos he aprendido que este sentimiento es capaz de darte toda la fuerza necesaria para seguir adelante, pase lo que pase, cueste lo que cueste. Me han ayudado a creer que los imposibles no existen y que, en el remoto caso que existan, tan sólo están en nuestra mente.

Por ello, no creo en las barreras, no creo en los obstáculos ni tampoco en las excusas. Mis protagonistas especiales del artículo de hoy me enseñaron a creer en los sentimientos universales y a escuchar a mi corazón.

A ellos les debo todo lo que soy en este sentido y, cuando me falten los dos, miraré el anillo que llevo en mi dedo (que simboliza la amistad, el amor y la lealtad) y confiaré en que, desde alguna parte, ellos seguirán compartiendo conmigo una parte de todo ese gran amor.

Ese ha sido, sin duda, el mejor regalo que podían haberme hecho. Tan grande como el infinito.

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14 comentarios en “MÁS QUE UNA LECCIÓN DE AMOR

  1. Ali, precioso como siempre!!!! La abuela estará contenta allá donde esté. Todas las mujeres de esta nuestra familia tenemos su fuerza. Te quiero mucho. Tú tía Esther.

    • Muchísimas gracias, tita. Por todo y por comentar hoy. Me alegra que te haya gustado el artículo, principalmente era para vosotras, así que, si te ha gustado, objetivo cumplido… 🙂

      Yo también te quiero muchísimo, ya lo sabes. Muchos besos, ya tengo ganas de verte!!

      Ali

    • Precioso Ali…..parece de pelicula hija….
      En realidad la vida es eso…..una novela en la que cabe de todo…lo bueno y lo malo….y por desgracia no todos los finales son felices….
      Enhorabuena y que sepas que me ha encantao……comparto….
      Saludos guapa

    • Hola Lucía!!

      Pues qué bonito haber tenido ese efecto en ti y que me artículo te haya hecho recordar a tus abuelos!!

      Gracias a ti por leerme y por dedicar una parte de tu tiempo a comentar!!

      Un fuerte abrazo de vuelta!!

      Ali

  2. Hola Ali,
    Me ha emocionado tu historia. Gracias por compartirla. Leer cosas así me hace volver a creer en el amor y en las personas, y en la bondad general de la Vida, aunque a veces no la entienda muy bien.
    Un abrazo

    • Hola Josep!!

      No sabes cuánto me identifico con tus palabras… Esa falta de entendimiento de la vida me ha llevado a más de una crisis personal bastante profunda, pero no puedo contarte más por ahora porque te estaría adelantando demasiado acerca de uno de mis próximos artículos, así que… Te invito a seguir pendiente! 😉

      A mí me emociona conseguir con mi escrito que tú sigas creyendo en lo que es importante y lo que nunca deberíamos perder de vista. Muchas gracias de todo corazón por tus palabras.

      Otro abrazo enorme para ti!!

      Ali

  3. Muy bonito Ali. Ole los cojones de tu abuelo, todo un visionario, sí señor.
    Desde que se llevó a tu abuela a a Blanes hasta que cumplió el sueño, me honra que aún queden personas como él. Supongo que tu terquedad es una herencia, nunca la pierdas!!! Besitos

    • Muchas gracias por tus palabras, Fran. Si a ti te honra, imagínate a mí… No te puedes hacer una idea de todo lo que he aprendido de él (o de ellos, mejor dicho, aunque haya tenido menos tiempo para conocer a mi abuela).

      Ahora ya sabes de dónde viene mi cabezonería!! Jajajaja.

      Un fuerte abrazo y nos vemos esta semana.

      Ali

  4. Alicia,
    Quina història tan romàntica la dels teus avis.
    Jo, que crec en l’amor incondicional per damunt de tot, quan conec vivències com aquesta, no puc menys que emocionar-me

    Un petó guapísima…

    • Eva!!

      Què dir-te?? Ja som dues que creiem en l’amor incondicional, per la meva part suposo que és el que he tingut a prop i això ha fet que hi cregui per damunt de tot, tal com tu dius.

      Mil gràcies pel teu comentari! Una abraçada molt i molt forta!!

      Ali

  5. La familia tiene tanto qué enseñarnos y es genial que descubras esto ahora y no cuando ninguno de los dos este en este plano. A seguir aprendiendo y descubriendo que el amor tiene muchas maneras de manifestarse 🙂

    • Ay Diana… Y qué lo digas… Sin ir más lejos tú misma eres una de las personas que mejor ejemplificas lo que acabas de decir… Amor de la cabeza a los pies!!

      Gracias por enseñarme tanto!! Un abrazo infinito!!

      Ali

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