EL MOMENTO CERO Y ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE POR QUÉ NO DEBERÍAS CONFORMARTE CON RECORDAR TUS SUEÑOS

En Barcelona encontré la primera señal
En Barcelona encontré la primera señal

Después de quince días sin escribir ni publicar nada, hoy por fin me he visto con fuerzas para reaparecer y volver a compartir algo contigo por aquí. Y aviso: vengo con aires nuevos, más energía que nunca y con unas ganas inmensas de contagiarte a ti de todo ello.

Estas dos últimas semanas han sido cuanto menos complicadas, muy intensas y han estado repletas de circunstancias inesperadas, pero, como seguramente ya sabrás, todo, absolutamente todo, nos deja alguna enseñanza.

Precisamente esa, o, mejor dicho, esas enseñanzas  son las que me han animado a volver y a compartir contigo el resultado de las reflexiones tan profundas en las que me he surgido los últimos días.

En primer lugar, decirte que he sido más consciente que nunca de la cantidad de tiempo que, en ocasiones, desperdiciamos en “cosas” superfluas, en actividades o en algunas decisiones que sencillamente no nos convienen, nos alejan de nuestras pretensiones reales o, incluso, son incoherentes con quienes somos.

He pensado mucho en la importancia de autoexaminarnos periódicamente para analizar con profundidad si vamos en el camino correcto o, de lo contrario, estamos topando con las mismas piedras una y otra vez.

Quizá ahora estarás pensando “pero Ali, ¿cómo puedo saber si estoy siguiendo o no el camino adecuado?”. Pues te voy a responder ahora mismo: SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE, podemos averiguarlo porque tu propio cuerpo o la respuesta que recibimos de nuestro entorno emiten señales suficientemente importantes que nos permiten descubrirlo y obtener una respuesta contundente a esta pregunta. No te preocupes, voy a entrar en detalles ahora mismo y seguro que te ayudarán a entender a qué me refiero.

Hace unos días estaba en Barcelona con una amiga disfrutando de un espectáculo increíble de baile y música. Mientras transcurrían las dos horas que duró el show, mis pies no dejaron de moverse ni un segundo. ¡Ni un segundo!

Mientras observaba atenta lo que tenía ante mis ojos y me emocionaba ante los estímulos que recibían mis oídos, algo muy dentro de mí me estaba recordando la cantidad de tiempo que estaba desperdiciendo en cosas que no me hacen ni la mitad de feliz que bailar. Algo tan simple como bailar.

Salí del teatro llena de fuerza, como una pantera en libertad después de haber estado años y años encerrada en una jaula. ¿Te parece desmesurado? Pues te aseguro que me estoy quedando muy muy corta.

¿Por qué te cuento esto? Te lo cuento porque esa noche me fui a dormir con el corazón encogido pensando en la cantidad de años que había desaprovechado sin haberme apuntado ni una sola vez a clases de baile, sin dedicar más horas a algo que resulta que me encanta y que me hace sentir absolutamente viva. Creo que no es necesario decirte lo absurdo que resulta darte cuenta de algo tan elemental.

No había sido capaz de darme cuenta hasta ahora de la cantidad de cosas que hago por los demás y no por mí. Y esta anécdota que te acabo de narrar es tan sólo una muestra más de ello. Podría seguir contándote una tras otra, pero la conclusión sería la misma.

Aunque pueda parecerte que lo que acabo de explicarte no sea relevante, en realidad creo que sí tiene su importancia. Es más, mucha importancia. ¿Por qué? Porque ese ejemplo es el resultado directo de todo lo que he hecho porque estaba convencida de que los sueños terminaban al despertar cada mañana. Y he sido una completa y absoluta ilusa.

Nos pasamos la vida planificando a largo plazo, dedicando una parte considerable del tiempo a meditar y planear lo que haremos dentro de unos años sin pararnos a pensar que, mientras lo hacemos , estamos dejando de vivir el momento en el que nos encontramos.

Dedicamos demasiado tiempo a buscar excusas que justifiquen por qué al final no hemos sido lo que aspirábamos o anhelábamos en nuestra infancia y que nos autoconvenzan de por qué hemos dejado de tomar las decisiones correctas que nos permitían convertir nuestros sueños en una realidad.

Solemos asociar los sueños con imposibles porque nuestros propios miedos y la sociedad de la que formamos parte nos han llevado a pensar que no tenemos las suficientes capacidades para hacerlos realidad. Pero no nos equivoquemos, a nadie le han regalado nada ni recocijarse en esta idea sirve como excusa.

Si quieres algo, tienes que ir a por ello y aquí no vale pensar “ya lo haré mañana”, “me da pereza” o decir “no puedo”. ¿Cómo que no puedes? Si quieres, puedes, y los límites y barreras son algo que, en realidad, sólo están en tu mente. ¿O alguna vez has visto en algún lugar un cartel que diga “abstenerse en caso de indecisión, no puedes hacer esto”? ¿Verdad que no?

Si quieres que tu sueño sea tu propia vida, eres tú y solamente tú quien tiene el poder y la fuerza suficientes para poder trazar los primeros pasos que te acercarán a lo que anhelas cada día.

Recordemos mi relación con el baile. Me apasiona bailar, escucho una canción y en mi mente ya dibujo la coreografía completa. ¿Por qué nunca he aprendido a bailar mejor? Pues porque he pasado toda mi vida sumergida en la idea de que no podía hacerlo, ya fuera por timidez o por cualquier otro de mis bloqueos mentales.

Seamos prácticos. ¿Quieres disfrutar más? Invierte más tiempo en lo que te hace vibrar de emoción. ¿Quieres pilotar un avión? Dedica el tiempo y recursos necesarios para aprender a hacerlo. ¿Quieres superar el miedo escénico? Asiste a unas clases de interpretación teatral o de habilidades comunicativas.  Y la lista podría ser interminable…

Lo que está claro es que, si no tomas decisiones, no arriesgas y no te animas a decir “basta”, la situación no cambiará por sí sola. Tu sueño no decidirá un buen día llamar a tu puerta para decirte “ey, ¡enhorabuena! No has hecho nada, pero he decidido acoplarme a tu vida”.

No va así. ¿Quieres algo? LUCHA POR ELLO. Nadie mejor que tú sabe cuál es el mejor camino para hacerlo, pero eso no es lo que importa. Lo que es realmente importante es que EL CAMINO EXISTE y que depende únicamente de ti si quieres sumergirte en él.

Vida no hay más que una. ¿Vas a seguir viviéndola a medio gas? Lo siento, yo no me subo al tren. Decidí bajarme hace unos días y ahora me encuentro en la estación, de pie, expectante y dispuesta a subirme en uno mejor.

Me encantaría saber que tú has reflexionado sobre ello y que has decidido cerrar con llave esa etapa de tu vida que no acababa de ser tuya porque en realidad no estabas siendo tú. Estoy segura de que en este viaje también hay sitio para ti.

Y, por último, te doy la bienvenida al MOMENTO 0 DE CRECIENDO ENTRE MOCHILAS. Todo lo que vendrá va a quedar muy lejos de lo que has visto o leído hasta ahora.

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5 comentarios en “EL MOMENTO CERO Y ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE POR QUÉ NO DEBERÍAS CONFORMARTE CON RECORDAR TUS SUEÑOS

  1. Me ha encantado. Me ha encantado. Me ha encantado. Así, por triplicado. Qué gran reflexión Ali. Yo tiendo a ser un procrastinador nato, siempre, si no estoy alerta, voy dejando las cosas para hacer mañana, o el mes que viene, o… Y así se matan los sueños. Quedan recluidos sólo en nuestra mente, y allí se pudren. Claro, aparecen otros, pero siguen el mismo camino. Hay que despertar, y luchar, día a día, incluso diría que segundo a segundo, por nuestros sueños.
    Por favor, Ali, que no decaiga tu motivación. Tú puedes. En realidad SOLO TU puedes.
    Un abrazo.
    Josep

    • Josep,

      De todo corazón, muchas muchas muchas gracias por tu comentario. Hay momentos en los que palabras como las tuyas sientan igual de bien que una bocanada de aire fresco, y este es uno de esos momentos.

      Ten por seguro que hago todo lo posible por no decaer, aunque a veces no resulta fácil… Pero… ¿Ahí es cuando se demuestra la auténtica fortaleza, no?

      Un fuerte abrazo también para ti. Gracias de nuevo!!

      Ali

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