LA AUTOACEPTACIÓN, LA NECESIDAD DE APROBACIÓN Y SU INFLUENCIA EN NUESTRAS RELACIONES INTERPERSONALES

Marilyn Monroe

Después de mucho observar a mi alrededor y de reflexionar acerca de mis propias experiencias, hoy me apetece compartir contigo mi punto de vista acerca de la autoaceptación, nuestra necesidad de sentir la aprobación de nuestro entorno y la influencia que estos aspectos generan en nuestras relaciones interpersonales.

Me parece un buen comienzo destacar la polaridad de los dos conceptos que ya presento en el título de este artículo: la autoaceptación y la necesidad de aprobación. A pesar de sus notables diferencias focales (uno está relacionado directamente con la visión de nuestra propia persona y el otro con la visión que los demás tienen de nosotros), ambos tienen algo importante en común y que conforma la base en que se sustentan: nuestras necesidades afectivas.

Pero… ¿Cuál es el posicionamiento de cada uno de estos dos conceptos en nuestro desarrollo personal y en nuestra forma de interactuar con nuestro entorno más cercano? ¿Podemos afirmar que ambos son independientes o, sin embargo, ejercen un impacto igual de necesario en nuestra forma de gestionar nuestra integración social y desarrollo individual? A estas y otras preguntas me he propuesto dar respuesta mediante el post de hoy, basándome en mi propia opinión y no en una visión científica, en este caso.

Aunque voy a desarrollar estas cuestiones con más detalle a continuación, voy a permitirme compartir contigo desde ya mi punto de vista en referencia al tema de hoy. Creo firmemente que, aunque tanto la necesidad de aprobación como la autoaceptación influyen de forma considerable en nuestras relaciones con los demás, creo que realmente es este último proceso el que ejerce un impacto más prolongado y persistente en la comunicación con nuestro entorno social.

A diferencia de la necesidad de aprobación y de sentirnos integrados en un determinado círculo social, la aceptación de nuestra propia persona es la que genera un mayor equilibrio entre lo que somos, lo que pensamos y lo que hacemos, consiguiendo proyectar el mismo en cada una de nuestras habilidades comunicativas e influyendo positivamente en nuestras relaciones sociales.

¿Por qué me atrevo a realizar esta afirmación? Por varias razones:

1) Porque parece lógico que es más fácil que los demás nos acepten cuando previamente hemos aprendido a aceptarnos tal cómo somos. Sin esa base es posible que nuestras relaciones sociales sean satisfactorias, pero en ningún caso podrán completar el vacío o la carencia causada por la falta de autoaceptación, dado el carácter individual y personal de este último proceso.

2) El impacto que genera la aceptación de nuestra propia forma de ser está directamente vinculado con la autoconfianza. Cuando hemos alcanzado la superación de los propios miedos y apartado a un lado los fantasmas internos nos permitimos también mirarnos al espejo sin tapujos, conocernos, entendernos y aceptarnos por ser quien somos. ¿En qué se traduce este hecho? En una autoconfianza palpable desde el exterior, capaz de retroalimentar otros procesos de desarrollo personal como el crecimiento interno, la madurez o el propio equilibrio entre quienes fuimos, quienes somos y quienes queremos ser. Algo complejo, pero absolutamente posible.

1.- La importancia de aceptarse a uno mismo

A menudo leo por ahí una frase que siempre me arranca una sonrisa: “abrázame cuando menos te lo pida porque será cuando más lo necesite”. Es una afirmación que me daría para otro artículo de al menos mil quinientas palabras, pero en este momento no quiero extenderme mucho.

Lo que pretendo hoy es destacar la desviación de nuestra propia felicidad hacia otros aspectos externos que se esconde tras cada una de estas palabras. Esta desviación es justamente la que me lleva a cuestionarme la siguiente pregunta: ¿cómo vamos a ser capaces de sentir y valorar realmente el calor de un abrazo si no somos capaces previamente de abrazarnos a nosotros mismos y aceptar el calor que alberga nuestra propia persona? Ahí lo dejo.

2.- Lo que hacemos (y lo que dejamos de hacer) por satisfacer a los demás

Creo que estaréis de acuerdo en que somos capaces de realizar auténticos esfuerzos por aquellas personas a las que queremos y nos importan. Incluso me atrevería a decir que cuando tomamos una decisión o hacemos algo por verdadero amor a una persona esa acción determinada ya no puede llamarse esfuerzo, ya que nace directamente del corazón y de la honestidad de lo que sentimos por la persona por quien la hacemos.

Sin embargo, a veces reflejamos nuestras propias inseguridades a través de aquellas “cosas” que hacemos por satisfacer a los demás, olvidándonos o dejando a un lado lo que realmente nos hace felices y nos hace sentir plenos.

Hacer o dejar de hacer algo por gustar a los demás es uno de los mayores errores que, a mi parecer, puede cometer cualquier persona sobre la faz de la tierra. Invierte en ti, lucha por aquello en lo que crees, acéptate tal cómo eres y trata de ser feliz. No hay nada mejor en este mundo que compartir tu alegría y tu gratitud con quienes quieres.

La alegría contagia alegría, las sonrisas son mejores cuando son compartidas y los abrazos valen más cuando nacen del corazón y de las relaciones que se basan en el respeto mutuo.

3.- La autenticidad: ¿al filo de lo inalcanzable?

Piensa por un momento… ¿Qué preferirías: que una persona a la que quieres deje de ser quien es por complacerte a ti o que sea quien realmente es y comparta lo mejor -y lo peor- de su persona contigo?

Vivimos en una sociedad en que se omiten las verdades por miedo a hacer daño y en la que a veces he visto dar continuidad a una relación (o más de una) cuando lo que la sustentaba ya era inexistente o carecía de franqueza en su totalidad.

A mis casi 32 años  puedo decirte que prefiero relacionarme con menos personas, pero tener la certeza de que lo que comparto con esa persona es algo sincero y no danza en un baile de disfraces. Ya no acepto las máscaras cuando el calendario no anuncia la noche de Carnaval.

La honestidad es un valor en peligro de extinción, pero que si se cultiva florece como la pólvora. Cultivemos relaciones auténticas en las que lo aparente sea equivalente a lo real.

4.- Nuestra mirada interna: un reflejo hacia el exterior

Dedicar un tiempo a la autoreflexión y a la conciencia de uno mismo es, en mi opinión, una de las mayores inversiones que podemos realizar. ¿Por qué? Porque los beneficios de esta práctica son incalculables y nos permiten progresar como personas y acercarnos progresivamente a nuestro propio bienestar personal.

El autoanálisis nos ofrece una oportunidad inmejorable de cambiar lo que no nos gusta de nosotros mismos y poder orientar nuestros puntos menos agradables hacia algo más positivo que nos produzca una mayor armonía.

La realización continuada de esta actividad nos permite algo mucho más importante que ser la mejor versión de nosotros mismos: nos permite encontrar nuestro verdadero camino. Aquel camino que nos permite andar con paso firme, aceptando nuestros errores, abrazando las mochilas que llevamos a nuestras espaldas y seguir el sendero de lo que llamamos vida.

Sin duda alguna, permitirnos ser más auténticos y mostrarnos tal cómo somos nos aportará unas relaciones interpersonales más saludables, honestas y, con mucha probabilidad, más satisfactorias.

Atrévete a descubrir quién eres o, mejor aún, quién puedes llegar a ser. No dejes que se te adelanten. Hay muchos trenes a los que puedes subir cada día, pero tan sólo un billete hacia tu propia felicidad, y ése… No se encuentra en cualquier estación.

Fuente imagen: http://www.thetrendytype.com

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