EL SUEÑO DEL MORBO CENSURADO

Perpetuando las calles de Glasgow...

Cuando analizo lo que me rodea puedo afirmar con una sonrisa de que siento y tengo (sentir y tener son conceptos distintos…) a personas y elementos que me apasionan. Partículas sustanciales que me hacen vibrar en modo máximo y que consiguen que mi alma brinque de alegría.

Pero, sin embargo, también veo a diario mensajes que aborrezco, palabras e imágenes repletas de connotaciones que consiguen que mi sangre hierva a doscientos cincuenta grados durante algunos momentos. A este segundo grupo de elementos es al que voy a dedicar el post de hoy.

En alguna de las conversaciones que he mantenido con mi hermano acerca de este blog, él, una de las personas que mejor me conoce del mundo entero (y parte del otro si es que existe), me ha tachado de mostrar poco mi faceta más crítica, esa parte de mí más escondida y que no demasiados conocen, esa loba que araña y es capaz de morder con la mirada cuando algo le corroe por dentro. Porque, ciertamente, esa soy yo también.

Mi hermano me dijo un día “hablas siempre de las cosas bonitas que ves, podrías hablar también de aquello que has visto y no te ha gustado, ¿no?”. Y es que, como muchísimas veces, mi hermano tenía toda la razón. Aquella conversación quedó apalancada ahí, en mi recuerdo, hasta que hace unos días vi algo que me hizo rememorar sus palabras.

Quienes tenéis acceso a mi perfil personal de Facebook os habréis dado cuenta de que soy una persona bastante interactiva y no es demasiado complicado suponer que me gustan las redes sociales. No obstante, debo decir que cada vez son más las razones las que quedan registradas en mi lista de motivos para cerrar el chiringuito, olvidarme de éste y de su p*** madre, con perdón.

Vayamos por partes. Hablemos del tratamiento tan maravilloso que se da en las redes sociales a los temas de rabiosa (y también penosa) actualidad. ¿Alguien puede explicarme cuál es el sentido de hablar incesantemente de un tema tan sólo porque está de moda?

Hablemos de los conflictos internacionales y, sí, también de aquellos que se cobran vidas. Duelen, sí. ¡¡Ya sabemos que duelen!! Es aterrador ver desde el sofá de nuestras casas la expresión tan, tan, tan… tan inmensamente espeluznante en los rostros de las personas que viven en los escenarios actuales de una guerra.

Es infinitamente sobrecogedor ver cómo está se cobra vidas y vidas por el camino a razón de un conflicto de intereses. Apuñala el corazón y lastima el alma. Bueno, algunas almas. Sí, hasta ahora no he descrito nada extraordinario, ¿verdad? Nada que quizás tú no hayas sentido.

Pero… ¿qué hay que decir cuando una imagen debastadora circula por las redes sin pudor alguno, saltando de perfil en perfil, proyectando el abismo de mil sueños perdidos? No me respondas que no sabes de qué hablo porque es imposible que no hayas adivinado a qué me estoy refiriendo.

¿Es necesario utilizar una imagen plagada de simbolismo? O, mejor dicho, la pregunta es: ¿cuál es el fin de usar esa imagen? ¿Cuál es el objetivo de compartirla en nuestro perfil? ¿Qué es lo que pretendemos comunicar? ¿Solidaridad? ¿Compasión? ¿Qué es? ¿Qué narices es?

Si yo fuera la madre de la persona que figura en la imagen de la que estoy hablando no querría ver cómo la fotografía es utilizada y a menudo manipulada para crear morbo.

Profesionales de los medios de comunicación, ciudadanos y ciudadanas de a pie, integrantes del sistema político de todas las naciones: si quieren llamar la atención, háganlo con los hechos, con las palabras, pero NO con el chantaje emocional.

¿Qué es lo que pretenden? ¿Atraer miradas? En la antigua Roma consiguieron perpetuar su historia y no existían por entonces medios audiovisuales para ello. Si los romanos lo consiguieron, háganlo también ustedes. No malvendan sus palabras, no jueguen con el peso de la verdad y respeten las vidas que cayeron por el camino porque a lo mejor estas merecían más atención que la suya.

Sigamos con más ejemplos porque sí, lamentablemente, la lista de elementos aborrecedores aún no ha finalizado.

Hablemos de las tropecientas mil y una más imágenes que circulan por las redes sociales cuyos  protagonistas son una niña con síndrome de Down o un niño con un tumor enorme o atado a un buen conglomerado de cables en la cama de un hospital. Imágenes acompañadas de mensajes del tipo: “no tienes corazón si no me das un like”.

¿Pero esto qué es? Yo me pregunto con el corazón en la mano, queridos y queridas mías, ¿en qué clase de sociedad nos hemos convertido? ¿Cuál es la finalidad de comentar y/o difundir imágenes de este tipo? Recordemos que detrás de cada una de estas estampas hay una persona con derecho a ser respetada. Con derecho a preservar su imagen, sus momentos y, en definitiva, derecho a preservar su vida.

No caigamos en esta maldita picaresca, os lo pido por favor. No contribuyamos a seguir manteniendo estereotipos, a seguir juzgando tan sólo por lo que vemos, a valorar la belleza por lo que muestra una imagen (muy a menudo, una infortunada imagen).

La solidaridad no se mide por la cantidad de comentarios o de likes que regalamos, señoras y señores. Si de verdad queremos hacer algo por los o las demás, reportemos este tipo de imágenes, no toleremos el chantaje emocional ni las imágenes desbordantes de contenido viciado. Apostemos por acciones, por hechos, no por un gesto realizado desde una maldita silla o desde el sofá de nuestras casas, desde el cual bien seguro no puede olerse el miedo.

No sé qué opinaréis quienes estáis leyendo esto, pero os aseguro que esta no es la sociedad de la que quiero formar parte. No quiero que sea esta la sociedad que se encuentren mis descendientes (si es que los tengo) en un futuro.

Pequeños gestos acaban convirtiéndose en grandes acciones. Utilicemos más el sentido común y algo menos el sentido individual. Quizá, y sólo quizás, de esta manera nos vaya algo mejor.

P.D.- Desde hace quince días este blog ya tiene un añito más, ¡¡muchísimas gracias a quienes seguís ahí y a quienes me habéis regalado vuestro voto de confianza!!

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4 comentarios en “EL SUEÑO DEL MORBO CENSURADO

  1. Interesante reflexión. Yo en este caso empezaría por diferenciar la parte que atañe al fotoperiodismo tradicional (la foto y difusión en los medios del cuerpo del pequeño Aylan tendido en la playa) y luego está la dimensión que ha tomado la tragedia a través de las redes sociales.
    Según mi parecer son dos cosas distintas. Sí, son dos caras de la misma moneda, ambas criticables, pero aún así diferentes.

    Para mí la parte fotoperiodística del asunto se justifica de la siguiente manera: es un símbolo. Y necesitamos símbolos para identificarnos con algo, para entender el alcance de una situación, porque estamos acostumbrados a ello. Llevamos todo el siglo 20 y 21 aceptando pruebas visuales como testimonios de los hechos que se dan en el mundo, nos lo han vendido, pero nosotros lo hemos comprado sin dudar. Los símbolos -las fotos de guerra, las instantáneas que nos muestran tragedias-, sirven para decir: “Señores, esto está pasando”.

    ¿Se trata de un acto morboso o de un interruptor para sacudir nuestra conciencia?

    Luego está la sobredimensión que adopta el incidente en las redes sociales. Esto es algo relativamente nuevo.
    Cada cual debería ser libre de lo que publica o deja de publicar -siempre que sea legal-, pero con la frontera moral ya tenemos un problema… Nadie tiene el mismo sentido de la moralidad. Tenemmos una especie de moral colectiva, pero en algunos temas la frontera no está bien definida. A mi entender la gente publica o comparte ciertos contenidos para autoafirmarse: “Yo estoy concienciado. Estoy informado de lo que pasa en el mundo. Yo formo parte del colectivo crítico con la sociedad. Esto toca mi fibra sensible y tengo que decirlo”. En definitiva, “soy un ser humano”. El problema viene cuando debemos aplicar sentido común al asunto, ¡y es que algunos carecen de él por completo!

    • Muchísimas gracias por tu punto de vista, Roger. Cuanto menos me has hecho reflexionar.

      Después de darle algunas vueltas al tema, debo decirte que estas palabras me han “sacudido” en mayor medida: “necesitamos símbolos para identificarnos con algo, para entender el alcance de una situación, porque estamos acostumbrados a ello”.

      Estoy muy de acuerdo con la primera parte, pero no con tu justificación, creo que el tema daría para un debate mayor, pero no me parece buena excusa el uso de los símbolos morbosos tan sólo porque estamos acostumbrados a ellos. Porque, si es así, sinceramente, preferiría desacostumbrarme, pero creo que no es el caso.

      En mi opinión, vas encaminado pero no llegas al kit de la cuestión. El motivo por el que necesitamos esos símbolos es el hecho de que, desde nuestra infancia, se nos ha motivado de una forma consciente hacia determinadas señales de identidad y se nos ha educado para que interioricemos una serie de factores (asociados a una simbología X) para que absorbamos una serie de creencias, presentemos una ideología concreta y compartamos una determinada cultura.

      Ese es el tema, las desviaciones de la misma nunca han sido demasiado bien vistas, y, si eres un poco observador, mi afirmación está latente a diario en plena calle.

      Un abrazo!

      Ali

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