EN BUSCA DE LA AUTENTICIDAD PERDIDA

Disfrutando de Stirling, Escocia
Disfrutando de Stirling, Escocia

He vuelto. Con estas dos palabras no quiero decir que acabe de regresar de un viaje en el sentido físico, pero sí podría decir que he regresado de un viaje en el más puro sentido metafórico de esos términos.

Las cosas han cambiado o, mejor dicho, yo he cambiado. Toda esa vorágine de emociones, tristeza, inquietud y preocupación que se había apoderado de mí en los últimos días ha desembocado en un redireccionamiento de mi actitud y en un conglomerado de decisiones de las que os hablaré en los próximos días.

Últimamente me he estado cuestionando infinidad de convicciones y, sobre todo, me he estado observando a mí misma. He analizado mis reacciones, mis pensamientos y, sí, ya sé que muchas personas creéis que no se debe analizar todo, pero en mi caso necesitaba hacerlo. ¿Por qué? Porque sabía que algo no iba bien, algo dentro de mí me anunciaba a gritos (pero a grito pelao…) que algo no estaba funcionando.

Hoy puedo contarte que ya sé cuál era el mensaje. Me he resistido un poco (o mucho…), pero al final he caído abatida y lo he visto claro. Tan claro como el agua.

Me había convencido a mí misma de que ya tenía lo que necesitaba y que llevaba una vida plena, pero hasta algunos días atrás no me he dado cuenta de hasta qué punto me estaba autoengañando.

¿De qué sirve conocer a cientos de personas si en el fondo te sientes sola e incomprendida? ¿De qué sirve creerte que puedes contar con quienes considerabas tus amistades si a la hora de la verdad muchas de ellas no han sido capaces ni de percibir que las necesitabas? Hoy te lo puedo decir. NO SIRVE DE NADA.

Soy consciente de que siempre he cometido un gran fallo. Siempre he depositado una gran confianza en las personas y he trazado expectativas muy altas para con los demás. Y con ello no quiero decirte que yo me crea lo mejor del mundo mundial ni incluso que me creyera una persona especial.

Pero… Con orgullo y con bastante humildad, siendo plenamente consciente de mis virtudes (que son muchas) y mis defectos (que son muchos también) puedo decirte absolutamente convencida que sé perfectamente lo que soy y lo que no soy. Llevo dos años concentrada en conocerme, para algo ha tenido que servir.

El caso es que, aunque no me considero más que nadie, tampoco quiero sentirme menos. ¿Qué quiero decir con esto? Ahora mismo te lo voy a explicar. Soy una persona que, en medida de lo que puedo y en la medida de lo que me permiten, intento cuidar (a mi manera) a las personas que me importan de verdad.

Puedo cometer millones de fallos, puedo comportarme de un modo desafortunado en un momento dado, pero… No me avergüenza pedir perdón ni asumir mis errores cuando considero que debo hacerlo. Y eso es algo de lo que me siento orgullosa.

Cuando sé que las personas me necesitan, intento estar ahí, a la altura, y ofrecer con el corazón todo el abrigo que soy capaz de dar. Por ese motivo me rompe el corazón, me quebranta el alma, cuando no percibo lo mismo de quienes me importan.

Estos últimos días he estado rindiendo honores al nombre de este blog y he crecido. He aprendido una gran lección que he tardado demasiado tiempo en asimilar: no es cuestión de cantidad, es cuestión de calidad. He vivido medio cegada más meses de los que me hubiera gustado, pero lo importante es que, al fin, he sido consciente de ello.

Las cosas van a empezar a cambiar. Llegan aires nuevos por los que me voy a dejar llevar. Llega la mejor etapa de este blog porque esta página camina de la mano conmigo. Cada segundo, a cada latido, por cada sendero por el que me pierdo. Pero al final… Aunque parezca perdida, siempre consigo volver a encontrarme.

A partir de ya voy a pisar un poco el freno y a dedicarme un poquito menos a los demás y pensar más en mí. Ahora ya no voy a sentirme culpable por ello porque ahora mi corazón se ha dado cuenta de que es así cómo funciona el mundo, me guste más o me guste menos.

Seguiré estando ahí para quienes merecen la pena, habrá quienes se queden por el camino, pero yo… Seguiré mis propios pasos.

Voy a apostar por lo auténtico, empezando por mí misma. Voy a llenarme de todo aquello que me inspira, que me hace vibrar, que consigue que me sienta bien, que me haga temblar de emoción, que me haga sonreír… Y el resto… Va a ir directamente al contenedor de la basura.

Voy a seguir caminando esquivando esas etiquetas que abundan por la blogosfera que pretenden convencernos de lo muy crack que somos. A esas etiquetas les voy a bailar la lambada porque no necesito que nadie acrecente mi ego, ni yo misma necesito hacerlo.

Cada cual ya sabe cuáles son las funciones que se les da bien y cuáles son las que le hacen flaquear. No se trata de ser el mejor en algo, se trata de querer aprender y evolucionar con ello. Se trata de reconocernos, mirarnos al espejo y que nos guste lo que vemos, no de que les guste a los demás.

Así que… Hoy comienza un nuevo baile, una nueva etapa de mi vida y un nuevo capítulo de Creciendo entre mochilas. ¿Qué me dices? ¿Te animas a compartir este tango conmigo?

Gracias de todo corazón a quienes me habéis regalado un minuto de vuestro tiempo y os habéis preocupado por mí estos últimos días. Me he llevado una grata sorpresa, GRACIAS INFINITAS.

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6 comentarios en “EN BUSCA DE LA AUTENTICIDAD PERDIDA

  1. Que te digo que no sepas ya,cada era de nuestra vida conlleva aprendizaje,con cada leccion nos quitamos una piel,como las serpientes,a cada uno de nosotros tenemos un camino y en ese camino muchas personas y cosas se quedan atras,pero es muy importante escucharse y intentar hacer lo mejor para nuestro bienestar,TE QUIERO

    • Muchísimas gracias por tus palabras, tita… Como siempre, tan acertadas…

      Creo que lo importante no es entristecerse cuando la relación con una persona se termina (aunque sea una relación de amistad), sino que, a pesar de todo, lo sano es quedarse con lo que esa relación te enseñó.

      Como dices, de cualquier circunstancia podemos aprender y llevarnos algo positivo y, bien seguro, esas experiencias nos irán ayudando a madurar y a ser cada vez más fuertes, aunque algunas de ellas duelan.

      Te quiero muchísimo. Nos vemos dentro de muy poquito!! 🙂

      Mil besos!!!

      Ali

  2. ¡Amén!

    No dejas de sorprenderme, Ali. Me ha encantado la honestidad y sabiduría de este post, no todo el mundo es capaz de superar una pequeña crisis saliendo adelante con estos aprendizajes.

    No sé tú, pero yo ya estoy trabajando para materializar ese futuro tan prometedor de Creciendo entre mochilas. Por lo que veo tú también!

    Un abrazo enorme y a seguir caminando.

    • Infinitas gracias por tus palabras, Javi!!

      Cuando atravesamos un “mal” momento (que en muchas ocasiones no resulta ser tan negativo como nos han acostumbrado a pensar…), nos resulta más complicado entender y ver con claridad ciertos aspectos.

      Con el tiempo, cuando la tormenta apacigua un poco, somos más capaces de analizar las situaciones con cierta perspectiva (aunque no siempre llevemos la razón absoluta -¿quién la tiene?-). Pero, siempre, siempre, siempre, lo mejor de estas circunstancias es todo lo que podemos llegar a aprender si tenemos VERDADERO interés en hacerlo.

      Seguiremos caminando (el sendero es mucho más llevadero cuando avanzas en compañía 🙂 ).

      Un abrazo muy grande también para ti!!

      Ali

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