DEJAR DE ESCRIBIR CUANDO SIENTES QUE TIENES TANTO QUE DECIR

Llevo tres meses y medio sin aparecer por aquí. Y siento miedo, mucho miedo.

Esta sensación me invade al pensar en qué pensarás cuando vaya compartiendo contigo todo lo que ha sucedido en estos últimos meses. Y no ha sido poco. Tampoco mucho. Todo ha sido de lo más… intenso…

Echaba de menos dejarme ver por aquí.

No.

En realidad, lo que echaba de menos era mostrarme y hablarte desde el lugar desde el que lo voy a hacer a partir de ahora. Y eso hace que me sienta vulnerable. La vulnerabilidad nos recuerda que somos sencillamente humanos. ¿O no?

Es en este preciso momento cuando ya no siento miedo porque jamás he estado tan segura de mí misma ni de lo que realmente quiero.

Quiero hablarte cuando realmente sienta que tengo algo para ti, algo que me apetezca compartir contigo, pero que me apetezca hacerlo de verdad. Desde el convencimiento, la seguridad y la conciencia.

No se trata de que hasta ahora no haya tenido estos aspectos en cuenta, sino que sencillamente necesitaba un tiempo para mí y para encontrar un orden.

Ese orden que otorga todo el sentido a lo que haces. Ese mismo orden que te ayuda a pensar con claridad cuando tus emociones son más fuertes que tú. Ese orden tan necesario para encontrar tu propia voz y reunirte de nuevo con tu punto de equilibrio (gracias punto de equilibrio, te echaba mucho de menos).

Estos últimos meses he pensado en ti, quien me lees y disfrutas con algunos de mis artículos, en incontables ocasiones. A ti también te echaba de menos.

¿Pero sabes? Hay momentos en los que sencillamente no es el momento. Así lo he sentido y así te lo hago saber hoy.

Mi vida virtual a veces me ha sobrepasado, también lo han hecho aquellos e-mails inundados de exigencias y de falta de empatía. Y no es que este factor me haga perder el control. Lo que consigue es que me plantee si estoy siguiendo el camino correcto y si estoy perdiendo de vista información importante a medida que avanzan mis pasos.

Estos últimos meses no me ha apetecido una vida virtual. Me han apetecido abrazos, miradas a los ojos, sensaciones nuevas, vivencias increíbles, personas de carne y hueso a las que poder descubrir y entender.

Dejar de escribir cuando sientes que es cuando más tienes que decir es todo un reto, te lo aseguro. Un reto fabuloso y altamente enriquecedor que me ha ayudado a volverme a encontrar, a recordar cuál es mi sitio (también el de mi recreo, querido Antonio Vega).

Recrearme. Eso es justo lo que he hecho desde la última vez que recibiste mi último post en tu bandeja de entrada.

Recrearme en cada mirada de a dos, recrearme en mis propias emociones y regalar sonrisas por las calles de Madrid con la compañía y bajo la mirada atenta de mi mejor amigo.

Me gustaría pensar que, en algún momento, tú también me has echado de menos porque entonces este artículo cobrará algo más de sentido.

Aunque ahora algo ha cambiado. Voy a escribir menos para ti y más para mí. Y te va a encantar que lo haga, te lo aseguro. Porque ya no habrán barreras entre tú y yo, porque ahora es cuando ahora vas a empezar a conocerme de verdad.

Y estoy segura de que esta experiencia va a ser algo muy bonito. Para ti y para mí. Y si me equivoco, espero de corazón que me lo digas (al igual que has esperado para volver a encontrarte con mis palabras).

De momento esto es todo. Y no es nada.

De hecho, es mucho. En unos días te contaré qué aprendí sentada en la sala de urgencias de un hospital en plena semana santa. Estoy deseando hablarte de ello.

A partir de ahora descubrirás que las páginas en blanco también contienen palabras. Nos leemos en unos días (ya no meses).

Imagen en cabecera: Página en blanco

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13 comentarios en “DEJAR DE ESCRIBIR CUANDO SIENTES QUE TIENES TANTO QUE DECIR

  1. “Estos últimos meses no me ha apetecido una vida virtual. Me han apetecido abrazos, miradas a los ojos, sensaciones nuevas, vivencias increíbles, personas de carne y hueso a las que poder descubrir y entender.”

    Me quedo con esto. Ánimo. No hay nada más hermoso que escribir con el corazón.
    Lihem.

  2. Hola Ali… Bienvenida a las letras…
    Todo lo que sea un paso más hacia abrirse a sentir, es crecer. Es bonito verte hacerlo. Voy a Bcn mañana y estaré una semana. ¿Nos vemos? Ya me dices. Abrazos.

    • Gracias por tu comentario, preciosa.

      Claro que nos vemos. Tengo un mensaje tuyo pendiente de responder, así que te escribo y concretamos, ¿ok?

      Un abrazo de los grandes para ti, guapa.

      Ali

  3. Hola Ali
    La verdad es que echaba de menos tus articulos, para mi son como mini cafes donde yo oigo a mi amiga hablar de sus cosas 🙂 no son comparable a nuestros cafes , pero al no estar tan cerca como me gustaria son pequeñas dosis de Ali que me encanta disfrutar.
    Asi que nada a esperar el proximo mini cafe 🙂
    Un abrazo Ali 🙂

    • Qué comentario más bonito, amigo mío.

      Estoy de acuerdo en que esto no es comparable a nuestros cafés, esos que sabemos cuando empiezan pero nunca cuando acaban. Sea como sea, lo más importante es seguir compartiendo momentos (siempre a nuestra manera), aún habiendo distancia física de por medio.

      Te mando un abrazo enorme, ya con muchas ganas de poder dártelo en persona.

      Ali

  4. Hola Ali! Me alegro de haber formado parte, aunque sea poquito, de esa gente que en estos meses has conocido. Te daré el abrazo cuando te vea! Meri

    • Y yo también me alegro, Meri!! Muchas gracias por tus palabras!!

      A veces no necesitas compartir muchas horas para sentir conexión con una persona, y eso es justamente lo que me pasa contigo.

      Espero poder darte ese abrazo bien prontito!!

      Ali

  5. Guapa, soy del pensar que siempre debemos seguir nuestro corazón, para todo lo que hagamos. Si callar era lo que te pedía estupendo ha estado, si abrazar, sentir y ver era lo que necesitabas pues genial, se lo has dado, ahora quieres volver a escribir, maravilloso. Todo está bien, todo es genial, todo es perfecto y llega justo en el momento que más estamos preparadas para ello.

    Un abrazo preciosa 🙂

    • Comparto totalmente tu punto de vista, Diana.

      Nadie mejor que nosotras mismas sabemos qué es lo que más necesitamos o más nos conviene en cada momento, y también creo que el corazón no suele equivocarse demasiado al respecto.

      Siempre nos va enviando pistas, señales de alerta que nos pueden orientar mucho a la hora de qué camino escoger y qué decisiones tomar.

      Seguiremos apostando por el aquí y ahora, guapa!

      Otro abrazo grande para ti! ❤

      Ali

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