LO QUE APRENDÍ CUANDO UN MOSQUITO MUY INOPORTUNO ME FASTIDIÓ LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA

No sé si a ti te habrá pasado alguna vez, pero basta con que tengas muchas ganas de que llegue una fecha muy esperada para que venga Murphy y te fastidie los planes.

Pues bien, en este caso, no tuve un encuentro con el Sr. Murphy, pero el pasado mes de abril viví una experiencia que echó por tierra todos mis planes y me tuvo en cama durante prácticamente todas mis vacaciones de Semana Santa.

Si llevas un tiempo por aquí o ya me conoces, sabrás que estoy operada de la rodilla izquierda. Tal día como el 13 de abril de este año (mi último día laborable antes de comenzar a disfrutar de las vacaciones de Semana Santa) se me ocurrió ponerme un vestido corto para ir a trabajar, con toda la mala suerte de que un mosquito muy oportuno decidió picarme directamente en la cicatriz que me ha quedado como recuerdo de esa operación.

Hace ya varios años (tantos como hace de esa operación) que siento una sensibilidad extrema en la zona de mi rodilla que rodea esa cicatriz.

Pocos minutos después de darme cuenta de que algún bichito había hecho de las suyas, sentía mucho escozor en la rodilla. 48 horas después, no podía flexionar la pierna, la rodilla me dolía horrores y necesitaba más de una hora para llegar al lavabo.

Vamos, que cualquiera hubiera dicho que venía de pasar un mes en la selva de Costa Rica… Pero no, la realidad era que no había salido de Sabadell y que el dolor que estaba sintiendo conseguía que las lágrimas salieran a borbotones.

Mi entorno más allegado no estaba en mi ciudad, así que me sentía sola, bastante desconcertada por lo que me estaba pasando y acojonada por qué no entendía por qué me dolía tanto la pierna.

Tenía muchas ganas de hablarte de todo esto. ¿Por qué? Porque, como de cualquier otra experiencia en la vida, de esta también aprendí grandes lecciones que me han regalado mucha seguridad y confianza en mí misma. Y hoy quiero hablarte de todas y cada una de ellas.

¿Te apetece saber más? Sigue leyendo please!

1# TODO LO QUE PARECE ESTAR NO TIENE POR QUÉ ESTAR REALMENTE

Al día siguiente de picarme aquel bichito todavía no identificado (viernes santo), pasé la tarde con un amigo, quien fue testigo de cómo las molestias en la pierna iban en aumento sin que yo entendiera absolutamente nada.

Al llevarme de vuelta a casa, apenas conseguía caminar con normalidad y compartí con ese supuesto amigo mi decisión de ir a urgencias al día siguiente si la situación no mejoraba. Esa persona, empatizando aparentemente con la situación, me pidió que le avisara si necesitaba que me acompañara al hospital. En ese momento agradecí enormemente el gesto.

Al día siguiente (sábado), la situación iba para atrás como los cangrejos, por lo que decidí ir al hospital después de comer.

Basándome en la confianza que tenía en la persona con la que había compartido la tarde anterior y en su ofrecimiento de acompañarme, pregunté a mi “amigo” si le importaba acompañarme a urgencias. Ya había hecho otros planes, por lo que no podía acompañarme.

Lo que hizo fue enviarme un mensaje pidiéndome perdón porque sentía que me había fallado y, todavía hoy, estoy esperando un simple “¿cómo te encuentras?” por su parte. Una pregunta que, obviamente, nunca llegó.

Su comportamiento me dolió, no porque no pudiera acompañarme al médico, sino por ni siquiera interesarse ni preguntar por lo que me habían dicho en el hospital, demostrándome que lo que compartíamos podía ser cualquier cosa, pero amistad, bien seguro que no.

Esta situación (que hace dos meses y medio me dolió bastante) me enseñó que a veces las personas parecen estar cuando realmente no es así y me corroboró que las expectativas nunca son buenas compañeras de viaje.

2# SÉ TÚ SIEMPRE LA PRIMERA PERSONA QUE TE RESPONSABILICES DE TU PROPIO BIENESTAR

Otra de las grandes enseñanzas que aprendí con toda esta historia es que no es recomendable depender de nadie para mejorar tu salud ni tu bienestar.

El sábado que fui a urgencias necesité una hora para ponerme un chándal, y otra hora y pico para llegar al hospital.

Antes de salir de casa, al pensar en el esfuerzo que me iba a suponer ir al médico, me daba una pereza enorme, pero mis necesidades de saber qué me pasaba, recuperarme y menguar el dolor que sentía pudieron mucho más que todo lo demás.

Llegué a la recepción del hospital muy nerviosa, llorando como una magdalena y preocupada por mi rodilla. El dolor que sentía era muy parecido al que había sentido años atrás y eso me aterraba.

A pesar de ello, me armé de valor, de seguridad, y tomé la decisión correcta: visitar a un médico para saber con certeza qué me estaba pasando. Y lo que sucedía era que el mosquito me había causado una inflamación en la rodilla lo suficientemente importante como para que la doctora valorase mi ingreso en el hospital esa noche.

Después de seis horas en urgencias y dos chutes intravenosos bastante potentes, pude irme a casa gracias a la ayuda de un gran amigo, uno de verdad, quien no dudó en venir desde Barcelona para llevarme a casa en coche y ayudarme con la aventura.

EN CONCLUSIÓN:

¿Quieres estar mejor? Mira por ti, pero mira DE VERDAD. No dejes tu bienestar en manos de nadie ni esperes que nadie tome decisiones importantes por ti.

3# LA DISTANCIA ES ALGO MUY RELATIVO

Cuando te encuentras en una situación como la que estoy compartiendo hoy contigo, tomas consciencia acerca de muchas cosas. En mi caso, una de ellas (y muy importante) fue el darme cuenta (una vez más) de que la distancia es algo sumamente relativo.

El tiempo que pasé en el hospital de Sabadell esperando los resultados de la analítica de sangre fue mucho más llevadero gracias a varias personas que decidieron acompañarme desde el otro lado del teléfono. Dos de ellas se encontraban a más de mil kilómetros de distancia (Extremadura y Bélgica, para ser más precisa), pero consiguieron que las sintiera justo a mi lado. Justo lo que necesitaba en ese momento. Y esto es algo que agradecí lo que no está escrito en ninguna parte.

Sentir a estas dos personas, tan especiales para mí, tan cerca me recordó que, cuando se quiere de verdad, no hay no puedo que valga. Se está y punto. Aunque sea al otro lado de un teléfono, dando ánimos desde la otra punta del país, escuchando y tranquilizando a la persona que te importa. Me siento muy afortunada de tener a estas dos mujeres en mi vida, ellas ya saben quienes son.

Tras dos semanas de antiinflamatorios y antibióticos, mi rodilla volvió a funcionar con normalidad y toda esta experiencia quedó un sustillo desagradable que me fastidió unos días de vacaciones muy deseados. Pero… Esta es la magia de la vida, ¡los imprevistos!

Siempre, siempre, siempre, por adversas que sean las circunstancias, podemos aprender algo, y creo que yo crecí mucho durante aquellos días que me vi en cama sin apenas poder caminar. Esta situación sirvió para recordarme y/o enseñarme cosas importantes, así que, al final, puedo decir que me siento muy agradecida por ello.

¿Y tú qué? ¿Has vivido alguna vez alguna situación imprevista que te haya enseñado algo importante para ti? ¿Te animas a compartirla? ¡Me encantaría conocer tu historia y saber un poquito más de ti en los comentarios!

Imagen de cabecera: Hospital Taulí de Sabadell

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4 comentarios en “LO QUE APRENDÍ CUANDO UN MOSQUITO MUY INOPORTUNO ME FASTIDIÓ LAS VACACIONES DE SEMANA SANTA

  1. Vaya, no tenía ni idea de todo el periplo que pasaste! Siento que te perdieras tus vacaciones de Semana Santa, ¿dónde tenías pensado ir?

    Por otro lado, ya es mala suerte que el puñetero mosquito acertara a picar en el único punto vulnerable. Parece totalmente sacado de una epopeya clásica. Como ejemplo tenemos el mito de Aquiles o de Sigfrid. Aunque para ellos terminó un poquitín peor XD

    Sin embargo, el lado positivo del asunto es que ya sabes qué hacer si vuelve a ocurrir algo parecido (léase un chute de medicamentos y a tirar millas :3 )

    Nah, ahora en serio, me alegro que superaras un obstáculo semejante, eso te hace cada vez más fuerte. Ánimo y pa’lante!

    • Eyy!! Qué alegría verte de nuevo por aquí!!

      Pues mira, lo que puedo decirte es que toda esta aventura surrealista me ha servido para varias cosas, a parte de las que ya comento en el post.

      Quizá la más importante sea (y que olvidé mencionar en el artículo) es que la doctora me ha recomendado que me haga unas pruebas porque sospecha que tengo algún tipo de alergia a determinadas picaduras. Y esto era algo que empezaba a plantearme yo porque el verano pasado algunas picaduras que recibí tardaron más de dos meses en marchar.

      Además de esto, que ya de por sí me parece importante, el verme capaz de ir por mi propio pie a un hospital aún sin poder caminar me ha hecho tomar conciencia de que soy mucho más fuerte de lo que yo misma imaginaba. Aún habiendo llegado a la recepción llorando y cagadita de miedo.

      Si ponemos los cinco sentidos y prestamos un poquito de atención, siempre podemos darnos cuenta de algo que a veces pasamos por alto. Por vivir demasiado deprisa, por no observar, por no sentirnos preparados para descubrir según qué o por muchas otras razones.

      Y esta experiencia, en mi caso, me sirvió de mucho (aunque no deje de ser algo anecdótico).

      Un abrazo de los grandes!!

      Ali

  2. Cuando escucho o leo el “es que no puedo”, en algunas ocasiones, me da la risa. Cuando digo algunas ocasiones, digo que tal persona te diga “es que no puedo porque voy a hacer esto otro”. Yo siempre hago la misma reflexión, que puedes hacer lo que quieras, que en esta vida pocas cosas estamos obligados a hacer más allá de comer, dormir y respirar.

    Decimos “no puedo” cuando en muchas ocasiones quisieramos decir “no quiero”, muchas veces de una manera implícita “es que me tienen que venir a traer la compra a casa” (y porqué no pides que te la traigan en otro momento?).

    Da para un libro los “no puedo” y para otro las expectativas. Yo, por si acaso, decido lo que quiero hacer en todo momento y voy con mi mochila cargado preparado para ir solo.

    Gracias por compartir tus reflexiones 🙂

    • Gran decisión, Jordi!!

      Próximamente pubicaré un artículo bastante reflexivo acerca del ser o no ser autosuficiente. Daré mi propio punto de vista sobre el tema, además de diversas reflexiones (como siempre, vaya!).

      Cuando realmente queremos hacer algo por nosotros mismos o por alguien en concreto, siempre encontramos una alternativa o una solución posible para que el hacerlo ya no sea un impedimento.

      Al igual que tú, creo que, efectivamente, cuando decidimos no hacer nada al respecto y dejar las cosas tal como están es porque tenemos un motivo, conscientemente o no, para seguir adelante con esa decisión.

      Gracias a ti por leerme!! Me ha hecho mucha ilusión ver tu comentario!!

      Un abrazo!!

      Ali

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